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Conectar con la realidad

Que España ha desconectado de Catalunya es una evidencia
 

Sofía Royo Andreu

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De un tiempo a esta parte vengo insistiendo, aquí y allá, en dos cuestiones que considero fundamentales para lidiar con el que sin duda es, aunque a muchos les cueste reconocerlo, un enigma que se hereda sin perder complejidad. El mayor reto democrático al que se enfrenta el Estado español: la cuestión catalana. Primero, es imprescindible conectar con la realidad. Segundo, necesariamente hay que decir algo. 

Que España ha desconectado de Catalunya es una evidencia. Que muchos catalanes han desconectado de España, de la versión oficial, también. A lo que me refiero cuando hablo de conectar con la realidad es a eso que muchos españoles, expertos en política y en materia de Estado incluidos, no conectan con la realidad catalana; también a eso que muchos catalanes están fuera de toda conexión y viven ya en una realidad paralela. 

Que muchos catalanes han desconectado de España, de la versión oficial, también

Para unos, los catalanes estamos abducidos, los niños adoctrinados, nuestra televisión, radio y prensa nos engañan, al igual que el Govern; para más inri, somos tacaños, no nos sirve la opción federal (como si algún día se hubiese planteado eso en serio); y, además, nuestros dirigentes, solo ellos, han vulnerado la sacra lex magna. O eso, o no sabemos votar. Los otros dicen que han pasado no sé cuántas pantallas, tantas que en Catalunya existe un mandato popular encomendado por un pueblo soberano (como si esto fuera el videojuego Crea tu propio Estado en el que puedes diseñar una demo a medida).  

Al parecer, a nosotros, a los catalanes digo, se nos tiene por buenos feligreses que nos lo tragamos todo (incluido eso de que los únicos reyes que existen en nuestro territorio son los Reyes Magos). 

Aparte de negar la evidencia, como todos sabemos, no existe alternativa alguna. Segundo obstáculo, como apuntaba, para encauzar el problema por la senda correcta. 

Hasta el momento los mal llamados partidos de Estado han obstaculizado, una y otra vez, la revisión de la relación entre Catalunya y España: no al estatuto, no al pacto fiscal, no al referéndum; es ilegal, inconstitucional, fuerza por aquí, coacción por allá, no a la independencia, 155, reforma constitucional en el mejor de los casos placebo (¿tiene algún recorrido o efecto?), y un largo etc. Claro que los habrá que dirán que el 155 y el 21-D son la solución: vuelta a la legalidad (a la suya, esa que manejan a antojo) y primer día de una nueva vida. También quieren que creamos eso (cuestión de fe, supongo). 

En definitiva, vuelvo a lo mismo, a la realidad catalana que, aunque unos y otros se empeñan en negarlo, es la que es. Lo veremos, de nuevo, el 21-D. Luego, deberían tener a bien algún día lidiar con eso. Por eso de que vivimos, insisten, en democracia.

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