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Confesiones de autobús y otras cosas

La vuelta al cole supone un gran esfuerzo económico para muchas familias

Raúl Rodríguez

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La cuesta de setiembre ya está aquí. EFE

La cuesta de setiembre ya está aquí. EFE

En mi último día de prácticas en el Diari, en el trayecto en autobús de mi ciudad a la redacción, un viaje que desde hace unas semanas prescinde de una tarifa rebajada por el hecho de ser universitario, he podido escuchar la conversación de una madre junto con una amiga suya. En ella, se le notaba una cierta preocupación por algo que me ha hecho recordar que la rutina está a la vuelta de la esquina: el retorno a las aulas.

La aterradora cuesta de septiembre es motivo de dolores de cabeza y grandes esfuerzos económicos para muchas familias, y este año no iba a ser menos. En plena crisis sociosanitaria y con un precio de la luz cada vez más desorbitado, que bate récord tras récord, el coste de los libros y del resto de material escolar sigue presente. Eso no cambia.

«Encima mi hija no me lo agradece», lamentaba la mujer, que acudía a trabajar en transporte público a Tarragona. Algunos niños y adolescentes no son conscientes de lo que supone para sus padres la vuelta al cole. Y, por desgracia, para muchos otros este inicio implica poner punto y final al paréntesis de las vacaciones, y volver a ver las caras a compañeros de clase que, en ocasiones, les hacen la vida imposible. Ojalá llegue pronto el día en que estos reencuentros no supongan un problema para nadie, y mucho menos para esos niños que únicamente tendrían que soñar lo más alto posible.

Mi rutina de estos dos meses de verano se acaba, por ahora, aquí. No obstante, los conductores de autobús, en su inmensa –e injusta– mayoría hombres, seguirán de ida y vuelta, llevando y trayendo a pasajeros de un municipio a otro, a sus puestos de trabajo o a quedadas con amigos. El punto y aparte para unos es el punto y seguido para otros.

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