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'Consumatum est'

Será difícil que Rajoy se apee de su estilo de gobernar, a menos de que la oposición lo descabalgue

J.Moya-Angeler

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Contra el vértigo, la serenidad. Cuando un avión se lanza sobre la pista de despegue, en un momento determinado, a toda velocidad, se enciende una luz roja que le dice al piloto «no return». Ha de despegar inapelablemente. Luego veremos si aguanta el vuelo, pero en la pista no puede seguir. 

Después de lo acontecido el domingo en toda Catalunya, se ha encendido el «no return». El proceso entra en su fase decisiva. Que de Guindos deje de creer que con algo de dinero se domará a los catalanes; esa pretensión es bastante miserable. Que España cese de opinar de Catalunya sin conocer realmente a los catalanes. La realidad les desborda. Estamos en la fase en que todo eso ya no importa. El adiós se ha consumado. Pero, vayamos por partes.
Primero: La brutalidad del Estado contra los imitadores de Gandhi, sentados en la calle. Lo vimos todos. Que nadie pretenda engañarnos. Fue una barbaridad que los periodistas extranjeros acreditados en Catalunya reflejaron en las portadas de la mayoría de periódicos de prestigio del mundo.

Segundo: El Partido Popular ha reaccionado mintiendo. «Los agredidos son las fuerzas de seguridad», ha sido el mensaje. Esta gente se cree que la mentira es una virtud. Y han construido un discurso que nadie sensato se puede creer y que en Catalunya ha generado un rechazo total.
Tercero: Por ley, el rey Felipe no puede hacer ninguno discurso sin que su texto sea aprobado previamente por el Gobierno. Su discurso fue, por tanto, el discurso del PP, cayendo en los errores del Gobierno, olvidando la agresión a la ciudadanía catalana y alentando la contundencia contra ellos. El Rey debería tener buenos informadores; Juan Carlos los tuvo, pero por lo visto él no. La respuesta de Puigdemont fue categórica y queda para los libros de Historia: «Així, no». No se puede decir con menos palabras y menos letras. Nunca a un monarca se le había hablado con tal contundencia. Pero los tiempos lo exigen. 

Cuarto: Los mediadores. Muchos se ofrecen, pero los buenos no han aparecido. Hay que olvidarse de la Iglesia, que no debiera estar para estos menesteres y menos en un estado laico. Los mediadores han de ser internacionales, expertos imparciales y de credibilidad. 

Quinto: Ahora, hay una cierta ansiedad en Catalunya. Muchos ciudadanos esperan a que pasado mañana, lunes, haya una declaración de independencia. Se han olvidado que hay una «hoja de ruta» que marca un proceso y que exige ante todo anunciar a medio plazo (meses, quizás un año) unas elecciones constituyentes para que, si hay mayoría independentista, se nombre un Parlament que elabore una constitución catalana, mientras se negocia con el Estado español.
Sexto: La negociación: Se requiere tiempo para acordar un hipotético traspaso de poderes y, sobre todo, de dinero. Esa es la verdadera negociación. 

Séptimo: El Gobierno de Rajoy no contempla los tres últimos puntos. Será difícil que se apee de sus convicciones y estilo de gobernar. A menos de que la oposición lo descabalgue. Si el PSOE no ayuda, será cómplice.

Octavo: Para los independentistas, estamos ante el principio del final. «Consumatum est», no hay vuelta atrás, no hay nada que negociar, excepto cómo se hará el traspaso de poderes. Es evidente que no se aceptará negociar que todo siga como antes. 

Y quien no lo quiera entender, lo pasará mal. Lo dicho: de vértigo. Ahora veremos quién pone la serenidad.

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