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Opinion EDITORIAL

Controvertidas donaciones

La sanidad pública no debe depender de donaciones privadas, pero hoy éstas ayudan a paliar graves carencias 

 

Diari de Tarragona

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Equipos médicos donados por la Fundación Amancio Ortega al Hospital de Sant Pau. EFE

Equipos médicos donados por la Fundación Amancio Ortega al Hospital de Sant Pau. EFE

Ocho hospitales públicos de Tarragona se beneficiarán de las donaciones de la Fundación Amancio Ortega, que llegarán en forma de diferentes equipamientos para prevenir y tratar el cáncer. Y esta, que a priori parece una noticia positiva, ha desatado una gran polémica, tanto aquí como en el resto del Estado, al cuestionar algunos grupos políticos la idoneidad de aceptar donaciones privadas en la sanidad pública y considerar que el dueño de Inditex realiza estas obras de filantropía para lavar su imagen. 
Es obvio que la sanidad pública, la que pagamos todos con no poco esfuerzo, es uno de los principales pilares del estado del bienestar y que, como tal, debería gozar de recursos suficientes vía presupuestos para garantizar su óptimo funcionamiento. Y es que estamos hablando de la que debiera ser, junto a la educación, la primera prioridad de todo gobernante. Sin embargo, esto que parece tan obvio no siempre lo es, al menos para los políticos que están al frente de nuestras instituciones. Ya lo vimos durante la crisis; la sanidad pública fue víctima de los más importantes recortes, de los que aún no se ha recuperado. 
Así las cosas, que un empresario decida destinar parte de su fortuna a contribuir a mejorar la salud de sus conciudadanos con donaciones a hospitales públicos, lo que, por tanto, beneficia a todos, no parece una mala idea, siempre que, por supuesto, cumpla primero con sus obligaciones fiscales. Quizá sea verdad que tras esta acción se oculte un afán de notoriedad e incluso de mejorar la cara de su empresa, pero no es menos cierto que también podría no hacer nada y guardarse el dinero en su bolsillo. Sea como fuere, está fuera de toda duda que las aportaciones de la Fundación Amancio Ortega no son la solución que la sanidad pública necesita para resolver sus graves carencias, aunque no es menos cierto que contribuyen a resolver algunos déficits y a mejorar la calidad de vida y el tratamiento de los enfermos de cáncer, a los que habría que poner en primer lugar. 

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