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Cosas de niños. Infantilizar el debate ambiental

Convertir el clima en una cabalgata de reyes. Que lo más relevantede la asamblea de la ONU haya sido Greta Thunberg es una mala noticia para los ambientalistas al situar el debate en una lógica de DisneyChannel

Josep Martí i Blanch

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Josep Martí i Blanch

Josep Martí i Blanch

Un frigorífico es un frigorífico. Un relativista o un prescriptor de Flores de Bach quizá intente convencernos de que la nevera es en realidad una vaca lechera. Nos dirá que todo es cuestión de mirarlo sin prejuicios y que con la mente abierta será fácil darse cuenta de que el frigorífico de la cocina no es tal, sino que se trata de un pacífico rumiante al que incluso podríamos ordeñar si contáramos con el permiso de los animalistas.

Pero aun escuchando pacífica y educadamente, si esto nos sucediese, seguiríamos aferrados a la primera convicción. Alcanzaríamos, eso sí, a añadir algo sobre la mala salud mental de nuestro relativista o teraupeuta alternativo y a la necesidad de urgente y abundante medicación convencional para tratarlo. Un frigorífico es un frigorífico, aunque guardemos leche en su interior.

Greta Thunberg es una niña. No es un emisario del diablo con trenzas y el 666 tatuado tras la oreja, como predican los ateos del cambio climático. Tampoco es Juana de Arco encabezando a los 16 años en compañía de un rebaño de corderos al ejército francés que empujó a los ingleses de vuelta a su isla, como sueñan los ambientalistas.

Es una niña sueca. Una adolescente sueca, si lo prefieren. Ser lista, enérgica, solidaria, activa y visionaria hacen de ella una niña estupenda. Pero no altera el hecho substancial de lo que es principalmente, un niña.

La niña Thunberg es la peor noticia para quienes se toman en serio la preservación del medio ambiente. Es, en cambio, un maná caído del cielo para quienes tratan de combatirlos porque consideran que el calentamiento global no es más que una mamarrachada.

Que lo más relevante desde el punto de vista mediático, de la asamblea del clima de la ONU haya sido Greta Thunberg es, a primera vista y en términos cuantitativos un gran éxito de los ambientalistas. Pero es un triunfo que entraña una enojosa derrota, puesto que focaliza su ámbito de actuación a una cosa de niños. Amortizada la foto del oso polar encima de un bloque de hielo ahora la sustituimos por una panorámica de los infantes del occidente opulento concienciados de la necesidad de salvar el planeta.

Digámoslo de otro modo: un publicitario puede estar contento con Greta Thunberg. Un científico, menos. Al primero le interesan las portadas y los minutos de televisión que pueda copar con sus historias. Al segundo, que sus advertencias sobre que al mundo le quedan diez años de margen para llegar a un punto de no retorno ambiental sean tomadas en serio.

Capricho de gente mimada

Eso no se consigue con niños, por mucho que nos gustase que así fuera. Primero, porque el mundo no somos nosotros y en la mayoría del planeta los niños no son tomados en serio. Esto hace que las aventuras de Thunberg sean, en dos terceras partes del globo, un capricho de gente mimada. Y segundo, porque donde en teoría sí son tomados en consideración, no lo son hasta el punto de dejar de verlos como lo que son, niños. Así pues, también en occidente, Tunberg, sin experiencia vital y formación necesaria, puesto que es una niña, es llevada fácilmente también al ridículo por los que quieren negar sus argumentos. Son cosas de niños. Ya se sabe.

Que Tunberg no vaya al colegio no es ningún problema, tampoco para ella. Las escuelas, aunque sean suecas, no son ni el único lugar ni en el que más se aprende. Sí es un problema, pero para los aspiran a cambiar al mundo, que la foto de la exigencia de nuevas políticas ambientales globales sea una niña de 16 años.

Los tiempos modernos exigen que las buenas causas vayan acompañadas de un buen espectáculo. Pero a veces ocurre que el espectáculo acaba cambiando la naturaleza de la causa. Ese es el riesgo Tunberg. Convierte el medio ambiente en una cosa de niños en un mundo que sigue siendo de adultos. El clima convertido en una cabalgata de reyes.

Los adultos, como chiquillos

Quizás no queda otra que infantilizar el debate ambiental y lo de Thunberg es, en realidad, algo que resultaba inevitable. En el fondo, también los adultos llevamos ya mucho tiempo relacionándonos con este tema como si fuésemos chiquillos que quieren una cosa y su contraria al mismo tiempo.

No hay ningún gobierno, tampoco los occidentales con sus poblaciones supuestamente concienciadas, que puedan soportar el coste social de implementar medidas como las que se exigen para hacer frente a los escenarios climáticos que un día tras otro se nos presentan. Y tampoco hay ciudadanos dispuestos a darle la vuelta a su vida para adecuarla a esas supuestas medidas en el caso que alguien intentara darles carta de naturaleza.

Puede que sea un drama, pero es lo que hay. Aunque por el camino juguemos cada día al apocalipsis. Y jugar por jugar, pues que jueguen los niños. Los niños como Greta.

* Periodista. Josep Martí és ‘calero’, es decir, de L’Ametlla de Mar. Es empresario y periodista. En breve publicará: ‘Fuck you, Europe!’

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