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Crucero infernal

La travesía del buque Karim Allah debía haber durado como máximo una semana, pero los 895 terneros que viajaban estuvieron encerrados a bordo 70 días, faltos de alimento y agua

África Uyá

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Crucero infernal

Crucero infernal

El buque Karim Allah ha salido en todos los telediarios por regresar a aguas españolas transportando animales supuestamente enfermos que no han encontrado un puerto que les autorice el desembarco. Existe otro buque con similares circunstancias, el Elbeik, que zarpó en las mismas fechas del puerto de Tarragona con 1.776 reses, y que ha estado navegando en este caso por Turquía, Libia, Egipto, Italia, Chipre y ahora por Creta. Pronto será también noticia por el mismo motivo, ya que parece ser que regresará a España. Tiene una estimación de llegada (ETA) a Cartagena, el próximo lunes 8 de marzo, pero esta situación podría cambiar ante el rechazo del consistorio, que remite los animales al puerto de origen, a nuestro puerto. Y a los que lleguen --pues algunos mueren durante el trayecto y son arrojados por la borda-- es muy probable que les espere la eutanasia.

El 18 de diciembre, justo antes de Navidad, el Karim Allah zarpó del puerto de Cartagena con destino Iskenderun (Turquía). Navegó hasta Trípoli y Libia, para arrumbar después hacia Bizerta (Túnez). Pasó por el puerto de Augusta, isla de Sicilia, y posteriormente navegó hacia Cagliari, en Cerdeña, dónde estuvo fondeado tres días. Finalmente, regresó a Cartagena, quedando atracado en Escombreras el 25 de febrero. Lo que puede parecer un crucero por el Mediterráneo de más de dos meses, es en realidad la travesía efectuada por 895 terneros, de los cuales llegaron 864 en mal estado de salud, con afecciones en la piel, ojos y piernas, llagas, descamación, costras, inflamación de las articulaciones y con considerable pérdida de peso. Un estado que no les permite emprender más viajes, y dejan de ser aptos para el consumo humano, por lo que serán sacrificados, según las indicaciones del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, tras ver los resultados de las inspecciones veterinarias.

La travesía debía haber durado como máximo una semana, pero estuvieron encerrados a bordo 70 días, faltos de alimento y agua. El motivo de este periplo ha sido el rechazo por parte del puerto inicial de destino y posteriormente también por parte de los puertos alternativos, alegando que el ganado sufría la enfermedad vírica de la lengua azul, patología que afecta a los rumiantes y se produce tras la picadura de un mosquito, aunque no es contagiosa para los humanos.

Las autoridades españolas afirman que las reses partieron sanas y con los certificados correspondientes, pero los gobiernos rechazantes lo niegan. Entonces, ¿qué sucede? Parece que hay poca transparencia, pues no hay ninguna certificación oficial que corrobore la enfermedad. Lo más claro es que la Ley 8/2003 de Sanidad Animal, bajo la normativa de la Unión Europea, prohíbe la importación de animales vivos en territorio comunitario procedentes de países terceros no autorizados y en este caso Turquía y Libia están en la lista.

En todo transporte marítimo hay tres patas (por continuar con el tema animal), claves: el armador, propietario del buque; el fletador que fleta el medio de transporte, y el comprador de la carga. Todos pueden ser distintos o los mismos, depende de cada contrato y combinación. Este acuerdo es susceptible de romperse por diversos motivos como, por ejemplo, no llegar a tiempo, el laycan propio de las mercancías procedentes de hidrocarburos que cotizan en bolsa. Si un barco se demora, se le cancela el viaje y pasa a dar cabeceos o a permanecer a la deriva «a órdenes», esto es, en espera de otro comprador o fletador.

Sin embargo, estamos hablado de cuadrúpedos con vida por lo que, en esta transacción comercial, falta una pata. Una cláusula que impidiera que los animales tuvieran que permanecer a bordo más de lo que estrictamente la travesía requiera. Una responsabilidad que deberían asumir todos los Estados, comunitarios o no, que se rigiera por valores éticos para con los animales y que incluyera el derecho a un transporte digno.

Los buques que trasladan animales vivos, los Livestock Carrier, son cargueros y casi todos siguen el mismo patrón. Buques viejos que antes de ir al desguace pasan por un último «reciclaje» para poder ser explotados unos años más. La mayoría son de la década de los 60 o 70, con pabellones africanos como el libanés, togolés o tanzano, y parecen estructuras de hierro viejo flotantes chorreando óxido por el casco. Algunos han sido rechazados por pretender usarlos sin los sistemas de ventilación operativos. El transporte de animales queda relegado pues, a buques chatarra en precarias condiciones higiénicas. Distintas organizaciones en defensa de los animales --Igualdad Animal y Animal Welfare Foundation (AWF)…-- han activado la alerta internacional denunciado esta situación.

Tarragona es un puerto importante, consolidado en la exportación de ganado, principalmente procedente de Aragón. Los buques son fáciles de identificar en el skyline marítimo de la ciudad cuando están fondeados: no llegan a los 100 metros de eslora y se divisan bien sus portillos laterales alineados para la luz y ventilación.

Tarragona, como otros puertos exportadores, tiene pues la oportunidad de revertir esta ignominia y encabezar un transporte modélico que vele por el bienestar de sus ocupantes. Una ocasión para darle la vuelta a la expresión «viajar como animales» que solo tiene connotaciones negativas, pésimas y de precariedad. Mientras este transporte se considere necesario, debería instituirse esa «cláusula de dignidad», que asegurase que los animales navegasen en buques bien equipados y preparados para ello. Aunque el destino final sea, en cualquier caso, el sacrificio, nada justifica que deban sufrir la tortura de un crucero infernal.

En esa armonización en la que buscamos un mundo más sostenible y equilibrado, también entra el cuidado y trato a los animales que, además, si son alimento, serán de mejor calidad si no han vivido bajo la férula lamentable del maltrato. El primer «transatlántico» de nuestra cultura, el Arca de Noé, protegió a personas y animales, y por si el relator del Génesis quedara corto, el salmista David lo afirmó con énfasis: «Señor, tú salvas hombres y animales».

África Uyá: Controladora de Salvamento Marítimo y piloto de la Marina Mercante. Se licenció en Náutica y Transporte Marítimo por la Facultat Nàutica de Barcelona de la Universitat Politècnica de Catalunya.

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