Cualquier tiempo pasado fue anterior. Sobre el esfuerzo y el trabajo, de hoy y de ayer

Dudas. He salido de mi clase de Periodismo en la URV tras escuchar a muchos de mis alumnos quejarse amargamente del presente, preguntándome si van a ser blandengues o tipas y tipos duros que mejorarán nuestras vidas

Lluís Amiguet

Whatsapp
Lluís Amiguet

Lluís Amiguet

Tiempos difíciles forjan hombres fuertes; hombres fuertes logran tiempos fáciles; tiempos fáciles forjan hombres débiles…Y los hombres débiles vuelven a forjar tiempos difíciles…

¿Nos ha hecho la prosperidad de las últimas décadas, pese a sus recesiones, blandengues a nosotros y más aún a nuestros hijos? ¿Son las mujeres y hombres de hoy más trabajadores, diligentes y esforzados que los de ayer?...¿O cualquier tiempo pasado fue anterior?

He salido de mi clase de Periodismo en la Universitat Rovira i Virgili (URV), después de escuchar a muchos de mis alumnos quejarse amargamente del presente, preguntándome si van a ser blandengues o tipas y tipos duros que mejorarán nuestras vidas. 

Y es que estuvo Núria Pérez, subdirectora de este Diari, en animada tertulia en el aula y me sorprendí, entre preguntas y respuestas, de lo mucho que esperaban los estudiantes: un buen trabajo bien retribuido, seguro e indefinido con todo tipo de prestaciones sociales, beneficios y conciliaciones…Y de lo poco que algunos, ya casi licenciados, se preguntan qué podían aportar ellos a una empresa. Es decir, a la sociedad.

Por si fuera poco, entrevisto a la prestigiosa pedagoga sueca, Inger Enkvist, asesora del ministerio de su país para la reforma educativa y me ratifica lo que sospechaba: los asiáticos -Corea, Singapur, Japón y China- nos adelantan en todas las pruebas Pisa, que miden los conocimientos y aptitud de los estudiantes del mundo al final de la educación obligatoria.

 ¿Por qué? Porque, dice la pedagoga, no estamos sistematizando la educación para el esfuerzo colectivo. Damos títulos, sí, y tal vez con demasiada facilidad; pero no damos educación que forme a los jóvenes para generar valor empresarial y colectivo.
Y me pone el ejemplo de Finlandia, que hasta hace poco tenía el mejor sistema educativo de Europa y ahora ha perdido el liderazgo, y que está, como nosotros, cada vez más a la cola.

 La razón, argumenta, es que la sociedad finlandesa recordaba la dura pugna por su supervivencia en la guerra y frente al imperio soviético y esa moral de esfuerzo había dado alas a sus educadores y les hacía exigirse y exigir más a los estudiantes. Por eso eran los mejores.

Del mismo modo, la generación de los padres de los boomers, que hoy tenemos entre 48 y 61 años, si bien es cierto que nos endurecimos en las adversidades del postfranquismo, con su 20% de inflación y paro, también nos beneficiamos del sacrificio con que nuestros padres apostaron por la educación de sus hijos. Gracias, papás de postguerra.

¿Era más difícil buscarse la vida en los ochenta y noventa cuando los boomers salíamos de las aulas que ahora? ¿Son estos tiempos fáciles o difíciles? Descubro que los chavales de hoy ya ni siquiera pueden suspender en muchos casos, porque el suspenso se considera estigmatizante y no estimulante como antaño.

La profesora Enkvist me advierte que para un profesor es más fácil aprobar a todos que suspender a los que se lo merecen. Y que, al final, la clave del éxito o fracaso de un sistema está en la calidad de sus profesores. Le recuerdo lo del catedrático que aprobaba a toda la clase y cuando el resto del claustro se lo recriminaba respondía: «Ya los suspenderá la vida».

La vida, como siempre, me temo que suspenderá a los que más se quejan de lo difícil que está todo, especialmente para ellos, y aprobará, en cambio, a los que no dicen nada y van tomando nota del mail de la subdirectora para seguir mandando currículums.

Porque al final no llegan a la meta los que más chillan, sino los que más pedalean…Seguramente en silencio. El problema lo tiene la sociedad que cree que no necesita sudar para que la carretera esté en buenas condiciones para todos.

Temas

Comentarios

Lea También