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Cuando compramos libros por colores. El poder de los selfies e Instagram

Wifi donde jamás hubiera llegado antes. Nuestra vida presencial se va empobreciendo mientras nuestra existencia va convirtiéndose cada vez más en digital y la vivimos a distancia

LLUÍS AMIGUET

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Algunas de las librerías de más éxito en todo el mundo clasifican ya sus libros no por su género, temática o autor, sino por su color: para que salgan bonitos en la foto. La causa es que han descubierto que los compradores suelen hacerse selfies frente a los estantes y colgarlas en las redes. Y esa es su mejor publicidad.

Lo mismo pasa con algunos cafés e incluso restaurantes de todo el planeta que planifican sus ofertas, menús y puestas en plato ya no por el sabor, sino sólo por su pura presentación, porque Instagram tiene mil millones de usuarios y una gran parte considera que no ha comido un plato exquisito si no cuelga su foto y la firma en la plataforma para lucirlo.

En una heladería de San Francisco han llegado a ofrecer helados tan agradables a la vista y tan luciditos para la foto que, a la postre, resultan incomestibles; pero nadie se queja, porque sólo hacen cola para colgar la foto de la delicia en redes.

Cada vez más cosas sucederán en pantallas; pero las decisiones se tomarán detrás de ellas y muy lejos

Son exquisiteces que ya sólo alimentan el ego. Y las redes sociales crecen en el cruce del ego con la avaricia; del capitalismo con el narcisismo.

Es una combinación tan arrasadora que amenaza con engullir más y más áreas de nuestra vida cotidiana tras liquidar comercio de proximidad y acaparar la publicidad que antes mantenía a las publicaciones locales.

Eran tendencias latentes en nuestra vida cotidiana, pero que la pandemia ha ido reforzando al digitalizar incluso a los más mayores y meter una conexión wifi, donde jamás hubiera llegado antes.

Nuestra vida presencial se va empobreciendo mientras nuestra existencia va convirtiéndose cada vez más en digital y la vivimos a distancia. Nos está pasando como a los protagonistas de una vieja comedia de Woody Allen que se convertían sin querer en personajes de película y pasaban de estar en la sala de butacas a encontrarse de repente como actores en la gran pantalla.

Y la vida digital, lo vamos descubriendo, es más fácil, cómoda y rápida que la real; pero carece de gusto, tacto y olfato; calor humano y empatía. Tiene mucho de física; física cuántica, pero muy poco de química de buena: de esas percepciones que valen más que mil imágenes.

La vida digital es más fácil, cómoday rápida que la real pero carece de calor humano y empatía

Nuestro sistema productivo está dejando de ser tangible. Y no es que la tecnología nos obligue a ir necesariamente por ese camino. Iría por el que nosotros le marcáramos si no hubiera quien la ha puesto antes a su servicio para acumular poder y dinero sin límites.

Y es que las cinco corporaciones FAANG (Facebook, Apple, Amazone, Netflix y Google), como los cinco jinetes del apocalipsis del byte, nunca tienen bastante. Las verán en todas partes. La fusión ahora de CaixaBank y Bankia, por ejemplo, no es más que un movimiento defensivo de la gran banca española, porque se ve obligada a ganar tamaño para hacer frente a los negocios financieros que preparan esas plataformas.

Lo mismo sucede con nuestra política, en gran parte decidida ya en las redes; con la ideología y hasta la religión, porque se abre paso en California la fe datista, que predica nuestra conversión en datos y nuestra comunión con ellos hasta ser convertidos en eternas gigas de información en la nube.

Nos prometen el paraíso, pero estos días las tecnológicas retroceden en bolsa, después de superar en capitalización a todas las petroleras y banca juntas, porque corre el rumor en los mercados de una intervención de las autoridades antimonopolio para aplicar la Ley Sherman, que ya puso coto al de Microsoft en su día y antaño de la Standard Oil o de la gigantesca ATT.

Y sería lo mejor para todos, porque o la ambición de los Zuckerberg acaba con el capitalismo o el capitalismo acaba con ellos. Mientras tanto, cada vez más cosas sucederán en pantallas; pero las decisiones se tomarán detrás de ellas y muy lejos, cada vez más lejos, de nosotros.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona. 

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