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Cuando las candidaturas venían en taxi

Una vez presentaron una lista a través de un taxista de Barcelona que había cobrado buena propina
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Les haría una pregunta a los lectores, en el sentido de si les gustaría que las candidaturas para las próximas elecciones llegasen en taxi a la junta que las ha de admitir. Y es que esa posibilidad se ha dado, aunque no sé si ahora sigue siendo posible.

Hace ya muchos años, cuando la soñada democracia, y cuando las elecciones empezaron a multiplicarse como los conejos, uno, que tenía muchos años menos, tenía, entre sus ocupaciones periodísticas, informar a los lectores del periódico de los procesos electorales municipales, de consejos locales, de diputaciones, de autonomías, de elecciones generales, y ya más tarde, de las europeas, aparte de algunos referéndums, u otros sucesos –perdón, eventos– de los que se repiten tanto.

Por ejemplo, pude ver, y fui informado por la junta electoral alguna vez, de que había candidaturas firmadas por personas totalmente ajenas a la ciudad de Tarragona, a pesar de que se trataba de elegir a concejales y alcalde, y otras a diputados o senadores por la provincia. Pregunté sobre dos o tres listas presentadas a comicios locales, cuyos nombres eran totalmente desconocidos. Y obtuve respuestas peregrinas.

Una vez me contestaron que determinada candidatura se había presentado a través de un taxista de Barcelona, el cual, preguntado sobre como había llegado el paquete a su poder y la causa de su llegada a nuestra ciudad, contestó que le habían pagado el encargo por adelantado, con viaje de ida y vuelta abonado, y con espléndida propina. Él pidió un recibo, que se le extendió. Y el hombre desapareció. Y como ocurriera con el famoso ‘finado Fernández’, nunca más se supo. El papel de la lista fue poco lucido. Hubo varias veces un partido Humanista, que compareció por estos lares, sin que se sepa quiénes lo formaban. Hubo otras cuestiones que nada tienen que ver con el honrado gremio. Una vez le pregunté a un gobernador civil sobre el resultado de un proceso electoral municipal, en concreto sobre el porcentaje de votantes, y la respuesta fue un tanto chunga, ya que su excelencia me contestó que antes tenía que consultar con Madrid. Otro honorable Poncio, al que le dije –con poca diplomacia– que como era posible que tras varios años en el cargo y residiendo en la provincia, todavía siguiese votando en un pueblo de Barcelona. El señor, con modos muy parecidos al enfado, replicó que eran asuntos personales, que no interesaban a nadie. Y allí siguió, en su cargo, y luego tal vez encabezase una lista importante, aunque en eso yo no me fiaría de mi memoria, que empieza a fallar más de la cuenta.

En las elecciones municipales del mes de mayo, mientras hay pueblos con lista única, es decir con alcalde y concejales prácticamente electos, antes de iniciar las campañas, en otros hay una docena de candidaturas, o más, lo que es una barbaridad, y algunas de ellas formadas por nombres de señoras y caballeros procedentes de ignotos lugares. No creo que lo hagan para obtener publicidad gratuita, como se obtenía en otros tiempos en los medios de comunicación estatales, como ocurría en aquellos momentos en Radio Nacional, Televisión Española, y hasta en Diario Español.

Otra cuestión repetida, actual, y creo que no resuelta, es que en algunas candidaturas figuren personas que han sido procesadas, o que lo están actualmente, aquí o en otras autonomías, y aunque podrían citarse muchas, solo lo hacemos con la mayor densamente poblada, como es Andalucía. La probablemente presidenta de aquella comunidad, en sus continuos mítines, no hace más que repetir que hay que votar socialista, porque es la única manera de poder gobernar dicha comunidad.

Pienso que está de más esa repetición, porque ahora sí que estoy seguro de mi memoria, y de que aunque en una ocasión no tuvo mayoría de votos, el partido de la citada señora ha gobernado su región prácticamente durante cuarenta años, es decir desde las primeras elecciones autonómicas hasta la actualidad, sin interferencias de ningún tipo y varios intentos fallidos. Desde que el sistema político español es el actual, es decir el autonómico, es precisamente en Andalucía donde el gobierno se ha repetido siempre, y donde se va a volver a repetir una vez más, para alegría de los dirigentes socialistas. Tal vez de resultados entonar siempre la misma canción. Y si es así, no vale la pena cambiarla.

Aunque hay gentes, conocidas o no conocidas, de partido o apolíticas, convergentes o divergentes, de unión o de desunión. Y algunas muy desaprobadas, por la sencilla razón de haberse ido de la lengua, que ven en ese repetido triunfo otra causa, que funden con el llamado cobro de peonadas por parte de los trabajadores, sobre todo por los del campo, que obtienen de una forma, digamos extraña, unos beneficios que a nadie se les deberían negar, pero siempre por medios claros y dentro de los parámetros del derecho laboral, y para evitar que nadie pueda pensar que aquí se cambian votos por algo, cuando en un derecho como el de elección solo debe tener un objetivo. Todo lo que acaba de leerse aquí son recuerdos, alternativas, variaciones sobre un mismo tema, que puede ser una canción, una jota, una sardana, unas sevillanas, pero seguro que no es una ópera. Tal vez sí un chotis, en el que un taxista viaja a Tarragona, con una carta, sin que su contenido acabe como la comedia de Falset, ni como le feria de Flix. Ni quisiéramos que tampoco como el rosario de la aurora.

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