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Cuando sobran partidos... y faltan ideas

Entre tanto grupo político, tanta división, uno sigue creyendo en la inutilidad de tantísima cifra de fuerzas

Pedro J. Ortega

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Cuando sobran partidos... y faltan ideas

Cuando sobran partidos... y faltan ideas

En estos tiempos que corren, uno tiene la sensación de que mucha gente se está equivocando, sobre todo cuando lanza gritos de júbilo al afirmar como triunfo la existencia de una gran afluencia de partidos en el mapa político, lo que equivale tanto como a decir que se ha acabado el bipartidismo.

Hay gentes para todo, y todo el mundo tiene derecho a opinar, pero también hay opiniones desfavorables a la anterior, cuando se piensa que la masa, en ciertos aspectos, es más un estorbo que un beneficio.

En los países creadores de la democracia moderna, hace tiempo que hay dos o tres grandes partidos, lo que les es suficiente, y así se mantienen en cabeza en muchos aspectos, mientras que cuando en un parlamento las fuerzas se reproducen más que las ideas `políticas, lo que parece crecer son las conejeras, la desunión, las malas palabras y las camisetas.

El ir a ver al jefe del estado con camisa arremangada, estando casi a cero grados, además de pelarse de frío y hacer oposiciones a una pulmonía, nos parece una falta desconsideración y una falta de ideas. No hacía falta ponerse un chaqué, pero algo falla.

Lo mismo que está pasando a niveles de todo el país, también lp hemos observado en cuando a la autonomía catalana, donde ha logrado imponer sus puntos de vista uno de los partidos minoritarios, aquel que empleó métodos no ortodoxos, en el que se produjo el famoso empate de los 1.500 votos, en número exactamente igual, lo que a muchos pareció inconcebible.

Un amigo mío tiró un euro al aire, para demostrar lo que puede ocurrir. Lo lógico es que saliese cara o cruz, pero el hecho es que el euro salió de canto. Con ayuda, claro está. Es lo que pasó en la famosa votación de los socios “cuperos”.

Y hablando de minorías, de mayorías, de desarrollo partidista y de conejos, recuerdo que aquí, en la provincia de Tarragona, se rizó el rizo. Recordemos que se habían de elegir seis diputados para el Congreso, y que así se hizo, pero con la particularidad de que por aquello de la aplicación de la famosa “ley de Hont” resultó que de los partidos y coaliciones concurrentes, que se nos antojaron excesivos, los seis primeros grupos lograron mojar en la salsa, y por lo tanto obtuvieron un escaño en el Congreso. Un séxtuple empate, en escaños claro, pero no en el número de votos, lo que hubiese sido un imposible, tanto como el que ocurrió en la histórica asamblea de la CUP.

Si hubiese que gobernar el territorio tarraconense con esos seis parlamentarios sentados en sus escaños sería prácticamente imposible, ya que serían necesarios acuerdos, conversaciones, ligas, coaliciones, extraños compañeros de alcoba y muchas otras cosas más, en las que es preferible no pensar.

Pensando, en cambio, en términos de ámbito nacional y viendo las circunstancias actuales, uno cree que gobierne quien gobierne, se acueste con quien se acueste, la situación no podrá durar mucho, porque los tripartitos y similares nos recuerdan, no ya solo lo que pasó hace poco tiempo en Cataluña, sino también lo ocurrido en países cercanos, como es el caso de Italia, cuando en cinco años llegó a haber una veintena de gobiernos distintos. Y no me refiero a la etapa Berlusconi, sino a años atrás.

Y el caso es que no les fue tal mal. Y es que, sencillamente, más que un gobierno inútil, quien llevaba a las espaldas el peso de una enorme carga era la administración, los funcionarios que madrugan, y a los que, por eso mismo, Dios les ayuda.

Entre tanto grupo político, tanta división, uno sigue creyendo en la inutilidad de tantísima cifra de fuerzas, que, a la larga, apenas podrán hacer oír su voz una o dos veces al año, cuando los grupos parlamentarios se tengan que dividir por X los minutos que les correspondan para pronunciar sus discursitos, que serán, eso sí, muy poco fatigosos. Por lo cortos, quiero decir.

Todo es posible (por desgracia). Pero recuerdo ahora, que este diario que tienen en las manos, un mes antes de las elecciones generales, ya anunció que aquí, en nuestra Tarragona, habría seis diputados de los seis primeros partidos o de otro tipo de fuerzas políticas. Y acertó. A mí no me gustaría que pasara lo que estoy pensando. Creo que sería lamentable.

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