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Cuando tener almorranas era un delito

Son muchos años de tradición homófoba, machista y misógina. Tanto en lo social, en lo moral y en lo científico

José Cuadrado

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José Cuadrado

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El pasado domingo, seguro que habrá sido testigo de cientos de publicaciones digitales con banderas de colores. Es más, hasta puede que le haya dado al like para después preguntarse: ¿el Orgullo gay no era a finales junio? Pero no se preocupe, es ‘normal’ que se confunda. El colectivo LGTBI ha estado presente en la vida pública de forma más o menos explícita desde antes de Cristo pero su presencia en los actuales libros de historia es más bien escasa y eso de que salgan en prensa cada dos por tres es novedoso. 

Dicho eso, le invito a seguir leyendo y descubrir la diferencia entre el 17 de mayo y el 28 de junio. La primera de las fechas se utiliza para celebrar el fin de la ‘enfermedad’. Es decir, el día en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó de su lista de patologías mentales la homosexualidad, mientras que el 28 de junio, el día del Orgullo, se celebran los famosos disturbios de Stonewall. Por lo tanto, el 17 de mayo es el día internacional contra la la LGTBI-fobia, pero de lo que no se habla tanto es del hecho que la homosexualidad dejó de ser una enfermedad en plena pandemia del SIDA. Es decir, en un momento en el que el activismo era precario y la imagen social seguía siendo pecado, enfermedad y perversión sexual.

Eugeni Rodríguez, presidente del Observatorio Contar la Homofobia (OCH) de Catalunya me ha recordado en diversas ocasiones: «Pepi, no te haces una idea de lo que era ir a un debate de televisión para hablar del tema en aquella época... Tenías que demostrar constantemente que no eras ni un pervertido ni un enfermo». Y esto es así porque durante los 80 y parte de los 90, las tertulias contaban con la presencia de un sociólogo, un sacerdote y un psiquiatra que no siempre respetaban el concepto diversidad. Eso, en un momento sin ‘censura’.

Y es que, son muchos años de tradición homófoba, machista y misógina. Tanto en lo social a través de la burguesía temerosa del decadentismo, en lo moral con una iglesia obsesionada con el pecado y en lo científico con el positivismo del siglo XIX, empeñado en encontrar el ‘origen’ de la homosexualidad. Aspecto que dio alas a leyes como la famosa Ley de vagos y maleantes (1978) que se encargó de encarcelar a hombres afeminados, hombres acusados de serlo o parecerlo e incluso a hombres con almorranas porque, señores, en una época no tan lejana eso era signo de homosexualidad.

Reconozco que la anécdota es desagradable a la imaginación, pero les aseguro que no hace falta irse al siglo XIX, a la Transición o a la época de la liberalización sexual para encontrarse todo tipo de prejuicios. Sin ir más lejos, recuerdo con especial estupefacción una tertulia de 2019 en el programa de TVE Aquí i Ara en la que participaba el artista y activista no binario Joss Jaycoff a quien una periodista tildó de ‘anormal’. Y un último ejemplo relacionado con la actual situación de emergencia sanitaria que sirve para evidenciar la necesidad de seguir celebrando el 17 de mayo y el 28 de junio son las siguientes preguntas: ¿cuántas figuras destacadas han manifestado públicamente su orientación sexual?, ¿cuántas han reconocido tener VIH?, ¿cuántas han admitido tener contacto con el Covid-19?

José Cuadrado. DirCom del Observatori Contra l’Homofòbia (OCH) de Catalunya 

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