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Cuantos más emprendedores vayan a África menos pateras nos llegarán

Ganas de progresar. Más que seguir esperando sacos de la Cruz Roja y voluntarios, en las áreas en desarrollo del planeta necesitan inversiones, empresarios y proyectos que creen puestos de trabajo y oportunidades
 

Lluís Amiguet

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Doctora en Económicas, abogada, de buena familia, laboralista durante años en los despachos de Barcelona del bufete Garrigues, Letizia Buzón podía haber tenido una excelente carrera y vivir cómodamente a sólo unas manzanas de su trabajo en un barrio burgués de cualquier gran ciudad. Pero se le ocurrió pasar unas vacaciones en África y ya no logró volver. 

O, mejor dicho, ella volvió, pero su mente se quedó atrapada intentado contestar las preguntas sin respuesta del continente y el porqué de su subdesarrollo.

Tuvo que regresar a África y trabajó en Kenia, Uganda y Somalia. En Kenia empezó a darse cuenta de que, superada la fase de los médicos, los hospitales, los cooperantes y la ayuda internacional, los africanos lo que quieren es trabajar, como nosotros: tener un empleo más o menos fijo y un sueldo y unas perspectivas de ascender y de mejorar.

Más que seguir esperando los sacos de la Cruz Roja y la llegada de voluntarios bien intencionados, necesitan inversiones, empresarios, proyectos y emprendedores que creen empleo y oportunidades, porque allí hay ganas de progresar, de integrarse, de dar y recibir en un sistema de libre mercado abierto al mundo.

Y es que Letizia es hija de una familia de empresarios y sabía lo que era arriesgar, comprometerse, implicarse en sacar adelante una empresa, poner a los empleados de acuerdo, hacerles cumplir con el horario, mejorar día a día la producción, el servicio, la venta. Y que cuadraran los números. En esos países, además, hay que aprender a sortear a las autoridades, a menudo corruptas, y que a veces forman parte del problema y no de la solución.

Por eso, fundó la harinera de Kibera que fue la primera empresa local en emplear seropositivos. En Kenia conoció a un médico de Médicos sin Fronteras y se enamoraron, porque estaban enamorados de la aventura de hacer progresar a los demás. Y se casó con él y hoy tienen tres hijos. Su marido fue nombrado director de Médicos sin Fronteras en Turquía hace unos meses y la familia se mudó a Estambul. Pero nuestra emprendedora, con los cuarenta ya cumplidos, metió la directa y acaba de fundar en la frontera turco-siria una fábrica de jabón, jabón de Alepo.

Allí da trabajo a un centenar de refugiados sirios que, de no ser por su iniciativa, su capital, sus ganas y su saber hacer de empresaria, aún dependerían de la ayuda internacional para sobrevivir. O se hubieran subido a una patera o a una de esas caravanas de inmigrantes que se amontonan en las islas griegas esperando una oportunidad para llegar hasta Europa, donde sirven de excusa para que gane votos el populismo de derechas.

Letizia me ha traído un lote de sus pastillas de jabón, Letizia Buzón, y aspiro su aroma inolvidable, porque se fabrica en el clima seco y con el aceite de oliva y las hierbas de una receta milenaria que se trajeron los cruzados de Alepo. Pero, sobre todo, es un jabón que da trabajo y esperanza a cien familias sirias que lo han perdido todo.

Hablamos de cómo en Mozambique y Angola cientos de jóvenes emprendedores portugueses también están montando empresas y negocios de todo tipo y cómo aquellos países que languidecían como colonias y después como dictaduras estatalistas hoy tienen una nueva oportunidad. Y me pide que explique que África está llena de oportunidades no sólo para la cooperación desinteresada sino también para emprendedores serios y comprometidos con el territorio, que no quiera esquilmarlo ni se deje esquilmar por los sátrapas que a veces con nuestra complicidad lo gobiernan, sino que plante, pese a todo, la semilla de la innovación y la creación de empleo.

Porque cuantos más emprendedores e inversiones enviemos a África y a las áreas más necesitadas de desarrollo del planeta, menos pateras nos llegarán.
Suerte, Letizia.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de «La Contra» de La Vanguardia desde que se creó, en enero de
1998. Comenzó a ejercer como periodista en el
Diari y en Ser Tarragona.

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