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Cuarenta y cinco días

Siempre queda la duda y la esperanza de que algo se esté tejiendo entre bambalinas

Diego Carcedo

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Quedan cuarenta y cinco días si no he contado mal para que se forme Gobierno o se disuelvan las cámaras y se pongan en marcha nuevas elecciones. Existe casi total unanimidad en que unas nuevas elecciones es la peor salida para la crisis, pero pasan las horas, los días, las semanas y quienes pueden evitarlo, quienes tendrían que evitarlo, ni se ponen de acuerdo ni siquiera lo intentan. Los partidos parecen más enfrascados en sus conflictos internos que en arremangarse a negociar en serio entre ellos.

Al menos esa es la impresión que produce la parsimonia con que se lo están tomando. Se prodigan las declaraciones, se lanzan puyas y tal vez haya algún contacto secreto entre las fuerzas políticas, pero nada relevante. La conclusión es que para que se forme un Gobierno tendrían que pactar como mínimo dos partidos y con más probabilidad, tres y de diferente orientación. Y para pactar, quienes han sido tanto tiempo adversarios muy duros, lo primero que tienen que hacer es prestarse a hacer cesiones. Las combinaciones posibles ya están más que manoseadas y la aritmética parlamentaria los ciudadanos la sabemos de memoria, igual que sabemos que en esta situación no es cuestión sólo de aritmética.

Los números fallan frente a los programas, a las ambiciones personales, a la intransigencia en los postulados y la obstinación en salvar nombres y velar por la suerte de algunas formaciones más que por las del conjunto de los españoles. Ceder, salvo en el caso del PSOE y Ciudadanos para alcanzar su acuerdo, es un verbo que en las sedes de los demás partidos no se conjuga. Lo más sorprendente en esta situación es que no se vean actitudes, ni se escuchen palabras destinadas a suavizar diferencias, ni se observan gestos que preparen el ambiente para facilitar las negociaciones que se van retrasando tal y como si no corriese prisa encentrar una solución. Antes al contrario, el encono y la intransigencia continúan igual que durante la pasada campaña electoral. Ha transcurrido ya medio mes de los dos que hay de plazo, se acerca el tiempo poco hábil de la Semana Santa y, nada parece moverse. Siempre queda la duda y la esperanza de que algo se esté tejiendo entre bambalinas, por debajo de las mesas, pero no lo parece y además, todos los protagonistas han hecho voto de transparencia en sus iniciativas y decisiones políticas.

Mientras tanto, se suceden las encuestas que coinciden en que el resultado de unas nuevas elecciones no ofrecerá perspectivas mejores que las actuales para sumar acuerdos, que el bipartidismo no volverá al menos de momento y que las mayorías absolutas ya son historia.

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