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Cuchillos en alto

Millones de españoles no saben todavía cuál será la mejor manera de equivocarse

Manuel Alcántara

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Hay tantos sondeos que no sabemos a cual le corresponde el título de auriga, pero alguno acertará. Lo mejor es no hacer vaticinios o negar la solvencia de los que se hacen y dejar al aire los pactos para que se repongan de su «resfriado ingenio», dicho en palabras de Cervantes, que es nuestro valor más seguro. Estamos auscultando la llamada opinión pública seis días antes de que se pronuncie y aún no sabe nadie cuál será el tono de su voz, porque hay demasiados ventrílocuos. Quizá lo mejor sea lo que está haciendo el PSOE, que es no hacer nada y dejar en el aire, que es de todos, los pactos que serán inevitables porque ninguna de nuestras formaciones políticas ha logrado evitarlos. En vista de eso y de lo que ha de venir, el PP y Podemos, ¿quién nos lo iba a decir?, han montado en las redes una campaña contra el pobre Pedro Sánchez, que era uno que pasaba por allí y lo confundieron no sólo con Bertrand Russell, sino con Indalecio Prierto, que era un hombre lúcido y honrado que creía en lo que predicaba. Lo de ahora no es que sea peor, sino que es más confuso. Algunos millones de españoles de buena fe y de mejor esperanza no saben aún a quién votar. No saben todavía cuál será la mejor manera de equivocarse, ya que eso no es un modo, sino un destino. «Votar al PP y Podemos es votar el bloqueo», ha dicho Albert Rivera, pero no votar a nadie es una claudicación o una conformidad. En eso estamos y estamos a cinco días para dejar de estarlo. Las espadas no están en alto, porque ya ni pinchan ni cortan. Lo que están alzados son los cuchillos cachicuernos y las navajas, que siempre echan de menos la sangre contraria.

Los escépticos de nacimiento y los de adopción suelen decir eso de que «que sea lo que Dios quiera, que nunca será nada bueno», como si Dios se metiera en nuestras cosas, que vistas desde la eternidad duran un parpadeo. Los que nunca la pierde de vista son las entidades financieras, llámense Morgan Stanley o Barclays, que nos ha advertido a los ingenuos votantes de la recesión qué nos espera si gana Podemos. Eso sí que es influir en el resultado de los partidos. Más que el Brexit y más que Iniesta.

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