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Cuestión de dignidad

Las amenazas no les importaron a los griegos. Votaron en el más hostil de los ambientes
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Los griegos no votaron Europa o no Europa, euro o dracma, Tsipras o no Tsipras. Simplemente acudieron a las urnas y depositaron su voto haciendo valer la única arma que poseen para defender su dignidad. Para intentar salvar esta poca dignidad, que a algunos es lo único que les queda, surgió un resultado que deja un escenario, por desconocido lleno de interrogantes, que de momento solo ha conseguido prolongar este corralito, y que es muy poco probable que acabe con un acuerdo satisfactorio. Porque acabe como acabe, nadie puede salir satisfecho.

Pero las amenazas no les importaron a los griegos. Votaron en el más hostil de los ambientes. Asustados y molestos después de toda una semana limitados por el corralito. Bajo chantajes, encuestas que nadie sabe de dónde salieron y todo tipo de presiones de los que, en teoría, son sus socios europeos. Pero al final éstos solo se llevaron un claro y rotundo ‘no’. Es lo que tiene gobernar en contra del pueblo, que cuando ya lo ha perdido todo, y no le queda esperanza alguna, ya nada le importa encontrarse solo delante de lo desconocido.

Y es que, el problema de Europa no es Grecia. El problema de Europa es que con sus decisiones se ha convertido en el proyecto de unos cuantos. Y, mientras que a los que se alejan de este proyecto en Gran Bretaña les llaman ‘euroescépticos’, no se muestran tan indulgentes con Grecia, que les han metido a todos dentro del mismo saco con la etiqueta de ‘izquierda radical’, cuando muchos lo único que pedían era dignidad.

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