Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Cuestión de formas

Los políticos tienen la obligación de entenderse pese a sus grandes diferencias
Whatsapp

Tal vez la primera cualidad que debe tener el alcalde de una ciudad es saber estar; saber estar a la altura de las circunstancias de cada momento y saber estar consciente de que es alcalde de todos sus paisanos, no solo de los miembros de su partido o de los habitantes que le han votado. Asistimos estos días a un cambio en las administraciones municipales y se han dado algunos casos de alcaldes que no parece que tengan asumido este principio tan elemental para la imagen y la convivencia de una ciudad. Alguno, carente incluso de la educación indispensable en todo trato social.

Pero dejando a un lado exabruptos deleznables como la repulsiva retirada del busto del rey Juan Carlos del Ayuntamiento de Barcelona, el primer ejemplo preocupante de no saber estar al nivel del cargo lo protagonizó la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. No acudió al acto simbólico de entrega de las llaves de la capital, que el protocolo incluye en su bienvenida a los jefes de Estado que la visitan. El desairado fue el presidente de Perú, Ollanta Humala, un político que además de representar a un país hermano es un modelo en Latinoamérica de sensatez y pragmatismo político desde posiciones de izquierda.

La ausencia de la alcaldesa, además de carecer de precedente y de justificación -argumentó que necesita todo su tiempo para dedicarlo a los madrileños, ¡qué tontería!, con perdón-, la ausencia, repito, choca más al tratarse de una exjuez respetable, conocedora de la tradición madrileña, tan respetable como la de otras capitales, y respetuosa -¡qué mínimo cabe exigir!- con la cortesía que merece cualquier visitante y más tratándose de un visitante tan distinguido.

Tampoco la nueva alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, parece mejor dispuesta que su colega madrileña a guardar las formas que su condición exigen. Esta misma semana se negó a asistir al inicio de las obras del tren del aeropuerto, un servicio por el que los barceloneses vienen clamando desde hace décadas. Acudió para presidir el acto Ana Pastor, la ministra de Fomento, y la alcaldesa -evidentemente miembro de otro partido- alegó diferencias de criterio sobre el proyecto para no asistir ni siquiera para plantearle a la ministra sus discrepancias.

Confundir las cosas en política es grave. Los políticos tienen la obligación de intentar entenderse por mucho que sean las diferencias que les separan.

Es probable que Colau haya visto en el acto un aprovechamiento preelectoral de la ministra pero para decirlo y criticarlo tiene libertad y medios a su alcance.

La ministra, una de los miembros del Gabinete de Rajoy más abiertas y dialogantes, todo hay que decirlo, reaccionó ante el desplante con mejor estilo y ofreció la puerta abierta de su despacho a la alcaldesa para discutir cuando quiera las diferencias de criterio.

Temas

  • OPINIÓN & BLOGS

Comentarios

Lea También