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Opinion EDITORIAL

Cuidado con la turismofobia

 Si acaba calando que en Catalunya tratamos a los turistas a palos podemos arruinar el trabajo de muchos años para lograr una muy buena imagen turística

Diari de Tarragona

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Pintada en un bus turístico de Barcelona. (Twuitter CUP)

Pintada en un bus turístico de Barcelona. (Twuitter CUP)

Ninguna industria es tan sensible a la inseguridad como el turismo. Bien lo sabe nuestro sector hotelero que recoge este año los beneficios de la recuperación económica por un lado y de la inestabilidad que padecen los principales países turísticos del Mediterráneo. Todo ello, sumado a los propios méritos de una buena promoción y de una no menos destacable gestión en los lugares de procedencia, han permitido que la Costa Daurada haya cerrado el mejor mes de julio del último decenio. Las buenas cifras alcanzan al conjunto de Catalunya y de España que vislumbran otra temporada con récords históricos de visitantes. Como suele suceder en todo episodio gozoso, no tarda en llegar el cenizo que intenta arruinar las alegrías. El fenómeno empieza a adquirir tonos preocupantes en Barcelona donde una inquietante tibieza por parte de la alcaldesa Ada Colau ha estado alimentando lo que ya se ha dado en llamar turismofobia. Era de esperar que una vez sembrado el caldo de cultivo antiturístico no tardarían en llegar los especímenes que habitan en los charcos. Al ataque con pintadas a un bus turístico de la Ciudad Condal le ha seguido el destrozo de las ruedas de varias bicicletas turísticas. El vídeo con el que los autores del ataque han querido inmortalizar su hazaña les sitúa en el terreno de la mera gamberrada. Un encapuchado armado con una navaja emprendiéndola contra unas inofensivas bicicletas es una trastada ridícula, un hecho deleznable que no tendría mayor importancia si no fuera porque se produce en un contexto peligroso. Si acaba calando que en Catalunya tratamos a los turistas a palos podemos arruinar el trabajo de muchos años para lograr una imagen turística de primer orden, tanto en calidad de los servicios, atractivo cultural y paisajístico y, sobe todo, atención impecable al visitante. Estas niñerías de los cuatro descerebrados de Arran deberían ser ignoradas si no fuera porque siempre anda al acecho cierta prensa extranjera muy dispuesta a engrandecer cualquier lance que pueda menoscabar nuestra fama.

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