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Cuidados paliativos, necesarios para todos

Socialmente los cuidados paliativos aún no están integrados en el imaginario colectivo

José Miguel Carrasco

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cerca de 40 millones de personas al año necesitan cuidados paliativos en todo el mundo, pero que menos del 15% de ellas los reciben. La OMS define estos cuidados como el conjunto de atenciones destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas que se enfrentan a una enfermedad potencialmente mortal.

Su objetivo es aliviar el sufrimiento de los pacientes y de su entorno próximo (familiares, cuidadores, etc.) con una perspectiva holística, esto es, tratando su dolor físico, pero también atendiendo otros problemas de índole psicológico, social y espiritual.

Los cuidados paliativos no pretenden alargar ni acortar la vida, sino reafirmar su importancia proporcionando los apoyos que la faciliten, tratando además de normalizar la muerte como un proceso inherente al ser humano.

Cabría pensar que los países más desarrollados económica y socialmente están a la cabeza de la prestación de estos cuidados pero, por ejemplo, en Europa las diferencias existentes entre países en relación al desarrollo de servicios de cuidados paliativos son notables. Mientras que países como Reino Unido y Alemania cuentan con una importante red de servicios sanitarios destinados a promover una buena calidad de vida entre los pacientes en estadíos de enfermedad avanzada, otros todavía están en fases muy tempranas de desarrollo. En España, según datos de la Asociación Europea de Cuidados Paliativos, la cobertura de estos cuidados, tanto en atención domiciliaria como hospitalaria, no llega a cubrir ni tan siquiera el 50% de las necesidades poblacionales.

En los próximos años se prevé un paulatino envejecimiento poblacional en nuestro entorno, que podría llegar a suponer que, en 2050, una cuarta parte de nuestra población sea mayor de 65 años. Si a esto le sumamos las previsiones epidemiológicas que apuntan a un incremento de la prevalencia de enfermedades con largos periodos de enfermedad avanzada, como el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas, parece evidente que nos encontraremos ante un importante problema de salud pública que, como sociedad, deberemos abordar en el futuro y prepararnos para ello en el presente.

Si bien los cuidados paliativos no son una solución única para los problemas sanitarios y sociales a los que tendremos que hacer frente, pueden ayudar a afrontarlos. Desde un punto de vista sanitario existen numerosos estudios e informes que muestran sus beneficios en términos de costes, puesto que reducen hospitalizaciones innecesarias y tratamientos ineficientes, pudiendo ser prestados tanto en centros especializados como en atención domiciliaria.

Desde el punto de vista del paciente, es abundante la evidencia científica que muestra los beneficios en términos de calidad de vida y satisfacción de quienes tienen acceso a ellos. Desde un punto de vista social, existen experiencias de intervenciones comunitarias en los que los cuidados de personas en el final de la vida se asumen de forma colectiva, que se han mostrado eficaces en el fomento de la participación social y el principio de solidaridad.

Socialmente los cuidados paliativos todavía no están integrados dentro de nuestro imaginario colectivo, ni asumidos dentro de los servicios sanitarios y sociales que demandamos a nuestros proveedores, aunque es cierto que cada vez con más frecuencia se presentan en los medios de comunicación y forman parte de debates sociales que contribuyen a incrementar el conocimiento de la población sobre su papel y los beneficios que pueden reportar. Culturalmente el final de la vida está rodeado de tabús y miedos que suponen un obstáculo que dificulta el desarrollo de los cuidados necesarios para afrontarla en las mejores condiciones posibles.

En la actualidad tenemos los conocimientos, los fármacos y los avances técnicos necesarios para facilitar a los pacientes en fase de enfermedad avanzada el mejor bienestar posible. Como sociedad tenemos la obligación y la responsabilidad de facilitar a nuestros ciudadanos no sólo los mejores servicios sanitarios y sociales, sino que también tenemos la responsabilidad de desarrollar las dinámicas sociales apropiadas que promuevan la atención colectiva de las personas enfermas. El desarrollo de los servicios de cuidados paliativos, su implementación, la difusión de su existencia y de los beneficios que pueden reportar, son pasos para promover en nuestra sociedad un buen final de vida, con la esperanza de recibir las atenciones adecuadas que reduzcan al mínimo el sufrimiento innecesario.

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