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Opinion editorial

Cuidar a los ancianos que viven solos

Es necesario tejer una red de proximidad que se preocupe de los mayores que viven solos, un problema que va a más

 

Diari de Tarragona

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Residencia de ancianos investigada por la Fiscalía en Madrid. EFE

Residencia de ancianos investigada por la Fiscalía en Madrid. EFE

La situación de precariedad de un número cada vez mayor de ancianos que viven solos y se ven desamparados por carecer de familiares o de allegados que se hagan cargo de su atención diaria es un problema social importante que se refleja en el aumento en un 70% de los rescates llevados a cabo por los bomberos en la demarcación. Y es que el año pasado se registraron en Tarragona 891 intervenciones –más de dos cada día– sobre personas mayores que viven solas y que fueron auxiliadas bien por sufrir un accidente, bien porque algún vecino o familiar llevaba tanto tiempo sin verles que dio la voz de alarma. Y lo peor de todo es que todos los datos apuntan a un incremento de este problema en los próximos años, al haber cada vez más mayores que viven solos. En efecto, el envejecimiento de la población ha traído consigo la soledad: España ha rebasado el umbral de los dos millones de mayores de 65 años que viven solos. De ellos, más de 850.000 tienen 80 o más años y la gran mayoría –tres cuartas partes– son mujeres. El drama se agrava cuando esta soledad no es deseada, lo que conlleva problemas de salud y una peor calidad de vida. Los mayores han sido los grandes olvidados de las políticas sociales llevadas a cabo para paliar situaciones precarias durante la crisis, más enfocadas en los niños, los jóvenes y las familias. Sin embargo, fueron ellos, los abuelos, los que soportaron gran parte del peso de las carencias que la depresión trajo consigo; acogieron de nuevo en sus casas a sus hijos y a sus nietos y a menudo fueron, con sus exiguas pensiones, el auténtico sostén familiar. No estamos ante un problema de fácil solución, aunque ya hay instituciones y entidades volcadas en prestar atención a los mayores que viven solos. Es importante en este sentido tejer una red de proximidad –vecinos, tiendas y negocios de barrio, familiares...– que se preocupen por estas personas de forma que no se sientan olvidadas, para que no sea la nuestra, como denuncia un bombero en el reportaje de la página 2 de este Diari, una sociedad sin alma.

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