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Opinion EDITORIAL

De Europa siempre se aprende

Los criterios que vienen de Europa son un buen puente para volver el problema a la política, de donde nunca debió salir.

 

Diari de Tarragona

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Una estelada frente a la prisión donde ha estado Carles Puigdemont. EFE

Una estelada frente a la prisión donde ha estado Carles Puigdemont. EFE

La pugna judicial en la que se ha convertido el problema catalán, por un craso error de principio del gobierno de Rajoy, vivió ayer un nuevo capítulo que significa un duro revés para las tesis del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena por partida doble. Por una parte, la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein descartó el delito de rebelión que el juez Llarena imputa a Carles Puigdemont y lo deja en libertad bajo fianza de 75.000 euros mientras estudia la entrega por el otro delito por el que se le requiere, el de malversación de fondos. Por otra parte, la justicia belga ha dejado en libertad sin fianza a los ex consellers Comín, Serret y Puig. El juez les impide salir del país y estar localizables por la justicia belga siempre que sean requeridos, pero en cambio, no les obliga a informar en todo momento de su ubicación, como sí lo hizo tras la primera euroorden cursada por el magistrado español. En el caso de Puigdemont, según explica el tribunal en un comunicado, la sala primera de lo penal considera que la imputación del delito de rebelión es «inadmisible», pero cree que sí puede ser aceptado el de corrupción, como malversación de fondos públicos, por lo que el proceso de extradición sigue su curso. El relato de los hechos en los que el juez Llarena basaba el delito de rebelión ha sido puesto en duda por muchos juristas y la Audiencia de Schleswig-Holstein ha avalado esta tesis. La decisión de dejara en libertad a Puigdemont deja en posición incómoda a la justicia española que mantiene en prisión a otros tantos consellers por la misma imputación. También, aunque el ex president fuera extraditado por malversación de fondos públicos, la misma contradicción jurídica quedaría patente. No es imaginable que Llarena se erija en adalid infalible frente a sus colegas de Europa. Sin embargo, el desenlace final de este conflicto no vendrá por la vía de las victorias o las derrotas jurídicas. Los criterios que vienen de Europa pueden propiciar un buen puente para devolver el problema al campo de la política, de donde nunca debió salir.

 

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