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De cabeza a las elecciones

El referéndum es ya un pulso con nulo recorrido práctico. El único paso de sosiego democrático es convocar elecciones

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La escalada de tensión entre el Govern de la Generalitat y los poderes del Estado subió ayer varios peldaños de golpe con la decisión del Tribunal Constitucional de anular la resolución del Parlament que acordaba celebrar el referéndum sobre la independencia de Catalunya en el 2017. Igualmente, el TC ha autorizado a la Fiscalía a abrir una nueva vía penal contra la presidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell, y a proceder contra cuatro miembros de la Mesa que permitieron la tramitación impugnada. La rapidez con que el Tribunal Constitucional ha resuelto, sin esperar a la renovación de los cuatro miembros que está prevista por la ley en los próximos meses, indica bien a las claras que el alto tribunal da por sentada la doctrina de que la soberanía popular reside en el conjunto de los españoles y no solo en parte de los mismos. El Govern ha dado respuesta con igual diligencia al dictamen del TC y ha ratificado que «no altera en nada la voluntad inequívoca del Govern de celebrar un referéndum este 2017». Nadie cede en este pulso incomprensible. Las formaciones independentistas, ahora en el gobierno, plantan cara al despliegue legal invocado por el Gobierno central, que también da muestras de estar dispuesto a todo, incluso a la aplicación del artículo 155 de la Constitución que limitaría las competencias autonómicas. El único paso de sosiego democrático viable es, en estos momentos, la convocatoria de elecciones.

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