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De error en error

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La imputación de Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, por la querella presentada por la Fiscalía a raíz del proceso participativo del 9-N, añade tensión ala situación política que vive Catalunya. Pretender contrarrestar el creciente independentismo con más radicalismo es un error. Como lo fue también la elección de García Albiol como candidato a la Generalitat, una decisión que ha perjudicado no sólo al PP sino también a todo el hemisferio no nacionalista, cuyo crédito se ha visto contaminado por esta absurda decisión. A estas alturas, cuando la sociedad catalana está tan indignada que casi la mitad de ella quiere salirse del Estado que la maltrata a su entender, la fórmula de la mano dura es descabellada: hay que indagar con delicadeza en las causas del malestar, admitir los argumentos de la otra parte que sean razonables, proponer soluciones y aceptar la evidencia de que el marco de convivencia se ha quedado viejo y habrá que reformarlo para que pueda abarcar a cuantos más mejor. El error del PP, que pone en entredicho su propio liderazgo estatal ya que Ciudadanos le está comiendo con inteligencia el espacio político, es perturbador porque da alas y razones a los más radicales del otro lado. Así se entiende el auge de la CUP que no sólo quiere la independencia de Catalunya sino convertirla en una especie de Albania catalana. Y lo más grave es que hasta las próximas generales el PP siga insistiendo en radicalizar más su mensaje.

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