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De locura en locura

Que el gobierno de Catalunya siga sometido a las alocadas exigencias de la CUP es un alarmante síntoma de que vamos al abismo

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La CUP exigirá un referéndum unilateral de independencia para el primer trimestre del próximo año para dar su apoyo a la moción de confianza del president Puigdemont. Así lo avanzó ayer el diputado cupaire Benet Salellas, quien, por otra parte ha desvinculado totalmente el apoyo a los presupuestos de la Generalitat de la moción de confianza. Si se confirma esta exigencia de la CUP, que como gran novedad no se tomará en asamblea, el Govern no tendrá otra opción que disolver el Parlament y convocar elecciones. Catalunya no puede permanecer condicionada al programa radical de un grupo minoritario antisistema. El hecho de que la aritmética electoral propiciara una combinación diabólica de fuerzas en el Parlament, no quiere decir que deban asumirse sus consecuencias como insuperables. La celebración de un referéndum unilateral de independencia de aquí a seis meses es una barbaridad. Ni los propios independentistas con dos dedos de frente dan como válido este método que no sería más que una repetición del 9N, incluso peor. Pero encima, y más importante, ningún guarismo aportado por las urnas avala que pueda lanzarse alegremente al país por la pendiente independentista. ¿Quién podrá justificar, estando en minoría, que se abra un desafío a la legalidad vigente? Tantas prisas sólo pueden obedecer a intereses partidistas inconfesables o a la irresponsabilidad de una clase política inmadura, alocada y peligrosamente incapaz.

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