De una vez por todas, basta ya de violencia

Cada vez hablamos de la violencia machista, de la agresión a la mujer y a la niña, con mucha más normalidad
 

Núria Gómez Granés

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Núria Gómez Granés. @nuriagomezgra

Núria Gómez Granés. @nuriagomezgra

Un año más, en un día como el que hoy conmemoramos, el Día Internacional contra la Violencia a la mujer y la niña, nos volvemos a encontrar para explicarnos que no avanzamos, que la sociedad sigue sin erradicar la violencia de los hogares, que cientos de mujeres son vejadas, golpeadas y asesinadas por sus amantes parejas. En lo que llevamos de año, 46 mujeres víctimas han sido asesinadas en Catalunya y casi 500 han sufrido agresiones físicas a parte de las psicológicas denunciadas, y no pasa nada.

Ni el tiempo se detiene, ni las leyes son suficientes, ni hay nada nuevo en el horizonte, excepto que cada vez hablamos de la violencia machista, de la agresión a la mujer y a la niña, con mucha más normalidad, aceptando que esta gran lacra social, ha entrado a formar parte de nuestra cotidianidad.

¿Es la nuestra una sociedad enferma? Viendo las estadísticas, escuchando a abogados, psicólogos y fuerzas de seguridad, llegamos a la conclusión que los valores que se aprenden en la familia, que se amplían y refuerzan en las escuelas, no están siendo suficientes, no son, hoy por hoy, la semilla, el núcleo de una mejor humanidad.

Nos llama la atención una vez más, incluso en un año como este, en que conmemoramos el décimo aniversario del Convenio de Estambul, 10 años del nacimiento del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia a la mujer y a la niña, todo siga sometido al mismo flujo de la maldad.

El convenio, que se firmó el 11 de mayo de 2011 en Estambul y entró vigor en España el 1 de agosto de 2014, reconoce todos los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres. Se incluyeron aspectos tan traumáticos como la violencia física, la psicológica y sexual, incluida la violación; acoso, matrimonios forzados, mutilación genital femenina, aborto forzado, esterilización forzada y soledad a la que muchos hijos someten a sus madres, mujeres ya mayores, reconociendo que la violencia contra las mujeres vulnera los derechos humanos y es una forma de discriminación.

Una década después seguimos hablando y escribiendo sobre los mismos sucesos traumáticos, execrables y aparentemente sin solución. Las mujeres no queremos ser objeto de eliminación, no queremos sangrar por porrazos, sufrir mutilaciones y llorar por las esquinas. Las mujeres no queremos ser cuota de pena y dolor, enfrentadas a los hombres y temiendo por nuestra integridad.

Con estas actitudes de máxima violencia por parte de los agresores, volvemos al estado cavernario donde la violencia sustituía a la palabra, aún inexistente.

Escuchando a los profesionales, técnicos especialistas contra la violencia de género, en las Mesas Redondas y debates que tanto proliferan en estos días de conmemoración, llegamos a la conclusión de que no todas los colectivos y asociaciones feministas, estamos de acuerdo en el diagnóstico y la solución

Las mujeres feministas de centro derecha, entre las que me incluyo, creemos que las mujeres no somos víctimas por el hecho de ser mujer, ni queremos que se criminalice a todos los hombres por el hecho de serlo. Queremos igualdad de derechos y también respeto a nuestra dignidad como seres humanos. No queremos que la gravedad de un crimen se diluya culpando a media sociedad. Quien mata a una mujer, realmente es el culpable, es el que destroza a toda una familia y hace que sintamos que retrocedemos en el avance de la humanidad.

El feminismo radical, mal llamado de izquierdas, vocifera, culpabiliza, se desviste, se pinta los pechos, asalta capillas, demoniza a los hombres y perturba la coexistencia. Estoy convencida que así no podemos convivir, ni ahora, ni más adelante, ni nunca.

La solución está en manos de todos, la educación preventiva en la familia y la escuela, parece una buena solución y es cosa de todos, el entendimiento en armonía ente hombres y mujeres, es una obligación y un derecho de todos.

Aún tenemos todo un año por delante para intentarlo, antes de que, el próximo 25 de noviembre, cuando volvamos a mirarnos desde estas páginas, tengamos que lamentar el tiempo que estamos perdiendo alejándonos unos de otros, dividiendo la sociedad entre «verdugos» hombres y «víctimas» mujeres, diciendo eso de «hoy 25 de noviembre, denunciamos que en lo que llevamos de año han muerto en Catalunya…» Pues no, me niego a que siga siendo así. De una vez por todas, basta ya de violencia.

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