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De visita en el Centro de Lectura de Reus. El día que saludé a Prim puño en alto

¡Qué solera y barniz intelectual destilan los anaqueles del Centre y cómo impresiona ver a los chavales estudiar con sus ordenadores entre los lomos de cuero que ya consultaron Bartrina, Besora, Anguera o Fortuny

Lluís Amiguet

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De visita en el Centro de Lectura de Reus. El día que saludé a Prim puño en alto

De visita en el Centro de Lectura de Reus. El día que saludé a Prim puño en alto

Llego al Centre de Lectura de Reus esta semana del Sant Jordi con una misión secreta mucho más trascendente que presentar mi libro Homo Rebellis, que también.

Había sido comisionado por mis amigos admiradores del general Prim para averiguar si era cierto que se pasó toda la guerra civil con el puño en alto. Porque estoy rodeado de Primferits, como Enric Juliana, el reusensísimo Josep María Pons Caixés (la guerra contra el virus está ganada, campeón, ¡ánimo!) o Pablo Díaz-Couchoud, y todos me dicen al partir que nuestro general reusense podría haber salvado a España de la carcunda que nos asoló tras su magnicidio y los más atrevidos añaden «y de los borbones».

Al parecer, los sindicalistas comunistas y anarquistas que dominaban la ciudad en el 36 insistieron en desmontar al general de la estatua ecuestre en la plaza de Reus que lleva su nombre. Algún ilustrado lúcido les convenció de que con quitarle la espada era suficiente para que el general se pasara la guerra -ese era el efecto óptico- con el puño levantado. Y saludando como la Pasionaria se la pasó el buen militar. No sé si Prim superaría ahora la prueba del algodón del tiempo y sus valores y si su condición castrense y su espadón acabarán desterrándolo un día a algún oscuro almacén municipal, pero en aquella guerra salvó el tipo.

Y corrobora esta Historia a nuestra llegada al Centre de Lectura nada menos que su president, alcalde de Reus y doctorando Lluís Miquel Pérez. Él se queja de que le llame alcalde y añade el «ex» con insistencia, pero todos sabemos que el que es alcalde una vez lo es para siempre. Y, entre ustedes y yo, a todos les encanta.

También les pasa a los directores de diario y por eso me he traído a mi director en el Diari Toni Coll, excompañero en la redacción de La Vanguardia, a que me presente. Y va el tío y me roba el show. A los dos minutos todo el mundo habla de él y con él y este cronista se queda arrinconado entre incunables musitando citas de Einstein a los venerables volúmenes.

Y cuando ya parecía que me iban a hacer caso los de Reus va y la subdirectora del Diari, Núria Pérez, que también se ha acercado a echarme un capote, se queda con la poca parroquia que aún me escuchaba y que se dedica a halagarla y a decir que fue la mejor Directora de Comunicación del Ayuntamiento de la capital del Baix Camp. Traidora.

Y uno, que ha sido orgulloso pregonero de la Tecla, empieza a creer en conspiraciones de ganxets contra el tarragoní, porque hay otro de Reus -no diré su nombre: no lo merece- que me acusa sin sonrojo de haber hecho una presentación poco estructurada…El muy celoso.

Y es que los reusencs son muy listos y consiguen que la presentación se quede en una horita apenas a base de su sabio no hacerme preguntas y quedarse calladitos en sus butacas del Cercle…

Así que lo visito de la mano de su interventor Josep Maria Farrés con Marga Gonzalvo-Sirac a la cabeza: ¡Qué solera, tronío y barniz intelectual destilan sus anaqueles y cómo impresiona ver a los chavales estudiar con sus ordenadores entre los lomos de cuero que ya consultaron Bartrina, Besora, Anguera, Fortuny…Acaso el mismísmo Gaudí!

Antes de irme no puedo sino invocar al espíritu de Dalí, que está en todas partes porque Dios le copió, y firmar en el libro de invitados del Centre: «El centre de l’Univers -garabateo- no està en la estació de Perpinyà sinó al de Lectura de Reus». Gràcies per deixar-me trepitjar-lo. Misión Cumplida.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. 

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