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Decadencia en la universidad

No existe colaboración fecunda entre la universidad y el sistema productivo
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El ‘caso Errejón’ -la polémica suscitada por una beca de investigación otorgada por la Universidad de Málaga a un dirigente de ‘Podemos’- ha suscitado diversas reacciones, algunas más inteligentes que otras. La más consistente ha sido la del novelista barcelonés Félix de Azúa, también con una larga carrera docente a sus espaldas, quien ha utilizado el sucedido para criticar con extrema dureza la situación universitaria, en que episodios como la beca en cuestión están al orden del día. «Aquellos que conozcan la Universidad española desde dentro -escribe- saben que este procedimiento [de concesión de la beca sospechosa] no es una excepción, sino la regla, la base misma de su funcionamiento. ¿Cómo creen que se elige a los titulares, al jefe de departamento, a los becarios, al decano, al rector? ¿No han oído hablar de la endogamia universitaria, de las mafias departamentales, de las cátedras hereditarias? En algunas ocasiones estas corruptelas se usan para mantener la coherencia ideológica o teórica de un departamento, lo que es hasta cierto punto comprensible, pero la mayor parte de las veces es simplemente el modo de mantener una clientela vitalicia».

Azúa utiliza su agrio análisis de la situación universitaria para sospechar de ‘Podemos’: si los jóvenes profesores universitarios de esta organización fueran tan escrupulosos con la transparencia, lo primero que habrían hecho, antes de intentar poner patas arriba el país, habrían habría sido lanzarse a la revolución universitaria.

Sea como sea, lo cierto es que la situación de la Universidad española, que se caracteriza por una absurda proliferación de centros docentes en su mayor parte precarios surgidos al amparo del hecho autonómico, deja mucho que desear, no sólo por la generalizada carencia de actividad investigadora y por la ausencia de una fecunda especialización sino también por el adocenamiento, la endogamia y el alejamiento de la realidad en que sus egresados tienen que desenvolverse.

El problema de la endogamia resume la situación. Un reciente reportaje informa de que al fin el Ministerio de Educación ha comenzado a evaluar cuantitativamente este revelador fenómeno y resulta que el 73% del cuerpo docente de la universidad pública española del curso 2013/2014 estudió en el mismo centro en el que está contratado. La consecuencia es que sólo una universidad pública española, la de Barcelona, está entre las 200 mejores universidades del mundo en el ranking de Shanghai.

Las leyes vigentes acompañan el disparate. La selección del profesorado estuvo centralizada hasta 1983: hasta entonces, se convocaba una única oposición por área de conocimiento a la que concurrían los aspirantes de todo el Estado; después elegían destino primero los mejor calificados. Pero en 1983 se descentralizó la selección. hasta el 2001, cuando la Ley Orgánica de Universidades (LOU) volvió a centralizar el proceso. Pero las protestas fueron tan intensas y los boicots tan eficaces que en 2007 decayó el modelo. A partir de 2007, quien acredita a los docentes es la Agencia Española de Evaluación de la Calidad (ANECA) y una comisión de la universidad decide a quién otorgar las plazas. Algunos expertos dicen que ahora el problema ya no es la endogamia sino la falta de movilidad. No hay incentivos para que se produzca. No hay curiosidad intelectual por salir del ámbito conocido y acogedor para explorar otros marcos diferentes.

Lo cierto es que el modelo universitario español no funciona. No se investiga, no existe colaboración fecunda entre la universidad y el sistema productivo. Y quizá sea éste uno de los problemas que explican bastantes de nuestras carencias estructurales.

 

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