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Del Talgo al Lego en borreguero. Con Renfe, Catalunya nunca será Dinamarca

De Montblanc a Portbou. Un ministro sube a un antiguo Talgo hasta Portbou. Montblanc celebra un encuentro de aficionados al Lego. Y sin Corredor del Mediterráneo.

Joaquim Roglan

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Joaquim Roglan

Joaquim Roglan

Este mes han tenido lugar dos hechos relevantes para la demarcación de Tarragona y las otras tres. En Montblanc, se ha celebrado un encuentro de aficionados al juguete Lego. Y en Portbou se ha conmemorado el cincuentenario del primer tren Talgo que entró en Europa sin transbordo y llegó a Ginebra. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?, se puede preguntar. La coincidencia de fechas y la comprobación de que Catalunya ni es Dinamarca y no se le parece ni de lejos.

El Catalán Talgo cambió al eje europeo el año 1969. La marca juguetera Lego había nacido en Dinamarca en 1949. Veinte años de diferencia, con una distancia galáctica en cuanto a mentalidad y civilización se refiere. De Barcelona a Copenhague hay 1.759 kilómetros y el avión tarda 2,34 horas. De Barcelona a Montblanc hay sólo 83,43 kilómetros y se tarda 2,07 horas en tren borreguero. Renfe dirá que no es comparable, pero desde Barcelona a Ginebra (623, 13 km) en trenes de alta velocidad ahora sólo se tarda siete horas, y el de Montblanc aún más de dos horas y sin alternativas de trenes rápidos ni de aviones.

Ningún alto cargo político sube a un tren cochambroso de Rodalies para ir a Montblanc u otro municipio

El ministro de turno viajó en un antiguo Talgo desde Barcelona hasta Portbou para salir en la tele y celebrar la gesta ferroviaria española en el intercambiador de ruedas. Pero ningún ministro ni conseller sube a un borreguero cochambroso de Rodalies para ir a Montblanc o a cualquier otra población de Catalunya. El problema debe de ser que no cabrían el político, ni los escoltas ni las cámaras de televisión. O quizá se avergonzarían si mirasen al Sur y se acordaran del Corredor del Mediterráneo. Y puestos a echar mano de la nostalgia, el Talgo paraba en Tarragona, Móra d’Ebre y Lleida antes de seguir hacia Zaragoza, Madrid y Bilbao. Ahora, el novísimo AVE de Barcelona a Granada no para en Tarragona ni en Lleida y va directo hasta Zaragoza. Al fin y al cabo, el sur de Catalunya cada vez existe algo menos. Y a la ciudadanía de Tarragona, Lleida y Girona tiene la libertad de desplazarse a Barcelona o a Zaragoza para entrar en Granada. 

Volviendo al Lego, es el ejemplo de una ingeniería y una imaginación propias de mentalidades calvinistas y cultas. Nació en bloques de madera en una carpintería y, recreado en la era del plástico, es uno de los juguetes más reconocidos y prestigiosos del mundo. Sus modelos se usan en robótica educativa y los más avanzados tienen sensores de movimiento e inclinación. A Montblanc acudieron aficionados y coleccionistas de toda España y fue una muestra de ingenio y fantasía que queda en la crónica local. ¿Pero cuántas horas se tarda en ir de L’Aldea, Portbou o La Pobla de Segur hasta Montblanc en trenes de Rodalies? Los trenecitos de Lego son de juguete, pero mejores, más fiables y más cívicos.

No cabrían el político ni los escoltas ni las cámaras de televisión. O quizás se avergonzarían si mirasen al Sur

Francisco Fuentes escribía con sufrida razón en este Diari: «Si algú no pren mesures immediates i urgents, la (tren)trificació ens deixarà a turistes i usuaris habituals amb un servei de rodalies i mitjana distància a preu d’alta velocitat per viatjar com el bestiar». Es lo que hay. Se dice que los daneses son la gente más feliz del mundo gracias a once cosas: la confianza mutua entre conciudadanos; uno de los sistemas educativos más eficientes del mundo; espíritu de libertad e independencia individual; igualdad de oportunidades; solidaridad y respeto a los demás; equilibrio entre vida privada y trabajo; expectativas realistas; ni poco ni mucho dinero, el suficiente para el bienestar; satisfacción de pagar altos impuestos porque los servicios públicos son justos y equitativos; dar más importancia a participar que a ganar.; y la igualdad de género real.

Por tanto, Catalunya, nunca será como Dinamarca mientras existan Renfe y Adif. Retrasos, averías y huelgas encubiertas cada dos por tres. Revisores prepotentes. Colas en ventanillas atendidas por incompetentes. Estaciones abandonadas o inaccesibles. Inseguridad. Lavabos infectos. Relojes parados. Rótulos erróneos. Información nefasta… Y los usuarios de la Media Distancia siempre insultados por un altavoz que dice: «les agradecemos que haya elegido nuestro servicio». Elegir sería la libertad de viajar en otras empresas ferroviarias. Pero aquí Renfe y Adif sólo permiten ser felices con trenecitos de Lego. 

Periodista. Con  raíces familiares en la Terra Alta, Joaquim Roglan fue corresponsal en Ràdio Reus y cofundador de Informes-Ebre. Profesor universitario, ha trabajado en los principales medios de comunicación de Catalunya y ha escrito veinte libros. Vive retirado en L’Empordanet.

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