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Democracia plebiscitaria

La democracia plebiscitaria pasa por ser la cultura política de las democracias latinas
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Después de la reunión entre Artur Mas y Oriol Junqueras, CiU y Esquerra mantienen las diferencias sobre si han de concurrir en una lista única o por separado a unas elecciones plebiscitarias y si el presidente de la Generalitat adelantará la convocatoria. El portavoz de los nacionalistas en el Parlament, Jordi Turull, aseguró en Catalunya Radio que Mas no pondrá «condiciones irrenunciables» en la negociación con ERC.

Turull también aseguró que la candidatura única que propone Mas no es una «coalición CiU-ERC», sino una lista con personas «independientes y de prestigio». Por eso apeló a la unidad y al consenso y precisó que «estamos políticamente obligados a ponernos de acuerdo, dada la trascendencia».

Oriol Junqueras continúa rechazando las tesis de CiU y apostó por un adelanto electoral en Catalunya con la concurrencia de listas independentistas separadas. «Seguro que nadie tendrá ninguna duda sobre la independencia. La comunidad internacional entenderá perfectamente lo que digan los votantes si votan a ERC o a cualquier partido que sea explícitamente independentista. Por eso no hace falta sufrir. Lo que hace falta es hacer elecciones, cuanto antes mejor; seguro que nos entenderemos», declaró a TV3 el líder republicano.

A los comicios se da por seguro que se presentará Podem, como dejó claro Gemma Ubasart, responsable de la Secretaría de Plurinacionalidad y Políticas Públicas de Podemos y una de las impulsoras del partido en Cataluña. En declaraciones a EFE tildó las elecciones plebiscitarias de «ficción» y rechazó la lista única: «Nunca nos verán con un Mas o un Rajoy», dijo, y añadió que su partido buscará aportar «el elemento de realismo y racionalidad» necesario para hacer posible el derecho a decidir, al contrario de partidos soberanistas que plantean medidas «no factibles», como una declaración unilateral de independencia o unas plebiscitarias. Por su lado, el líder de Unió, Josep Antoni Duran Lleida, «aplaudió» al presidente del Congreso, Jesús Posada, por reclamar «más debate y diálogo» sobre Catalunya, una actitud «opuesta» a la actitud «nefasta» de Mariano Rajoy.

Leo: «En una intervención reciente, el flamante ministro de Justicia comparó la disyuntiva entre legalidad y legitimidad que plantea el presidente Mas con el debate entre Kelsen, el filósofo del estado de derecho, y Schmitt, el jurista del nazismo. Aquello fue un error, pues aunque la razón le asistiera en teoría, sin embargo con ello acabó perdiéndola, según predice la célebre ley de Godwin que reza: ‘Una discusión caduca cuando uno de los participantes menciona a Hitler o a los nazis’».

Ahora bien, ese mismo error hitleriano lo cometen casi todos los comentaristas que critican la apelación a las masas o a la soberanía popular formulada tanto desde hace tiempo por los soberanistas catalanes como más recientemente por los ideólogos de Podemos. De modo que para no perder la razón cuando más convendría preservarla conviene recurrir a otra fórmula retórica más sólida y resistente para remontarse a sus orígenes remotos: el 18 Brumario de Luis Bonaparte, futuro Napoleón III, que fue el inventor original 85 años antes que Hitler de la democracia plebiscitaria.

En 1848 se convocaron en Francia por primera vez en la historia elecciones por sufragio universal masculino, que ganó por mayoría absoluta Luis Bonaparte, sobrino de Napoleón I. Pero tres años después, el flamante presidente dio un autogolpe de Estado para transformar la Segunda República en el III Imperio, convocando un plebiscito que le invistió como emperador por sufragio universal. Así se instauró una forma de autocracia, legitimada a golpe de referendos por la soberanía popular, sobre cuyo precedente genealógico se fundó la forma de presidencialismo autoritario a la que hoy conocemos como cesarismo, bonapartismo, democracia delegativa o democracia plebiscitaria.

La democracia plebiscitaria pasa por ser la cultura política tradicional de las democracias latinas, y de ahí procede tanto el modelo Berlusconi como el populismo presidencial latinoamericano que hoy inspira al emergente Podemos. Las opiniones de algunos colegas españoles están bien halladas, pero sólo eso.

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