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Democracia sin rodeos

El ejemplo griego de rapidez es admirable y deberíamos tomar nota de que es posible la eficacia a pesar de los ritos burocráticos
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La llegada de Tsipras a la jefatura del gobierno griego ha suscitado sentimientos encontrados en Europa. Algunos celebran que al fin se plante cara a las insensibles y reaccionarias políticas dictadas por la señora Merkel, que anteponen los fríos equilibrios macroeconómicos al bienestar de los pueblos, en tanto otros lamentan que Grecia salga de la unanimidad neoliberal para intentar demostrar que hay otros caminos posibles y practicables para alcanzar el desarrollo y el progreso colectivos. Pero más allá de esta controversia, que sólo el tiempo conseguirá aclarar del todo, hay un elemento del cambio griego que merece ser subrayado y convertirse en objeto de emulación: Alexis Tsipras, líder de Syriza, ganó el domingo las elecciones con 149 escaños en un Parlamento de 300 miembros; el lunes por la mañana, pactaba con la formación Griegos Independientes para asegurarse la mayoría absoluta; por la tarde, era proclamado primer ministro por el presidente de la República; y ayer martes nombraba el gobierno y era ratificado por el parlamento heleno. En 48 horas, se había consumado un traspaso de poderes que en muchas otras democracias dura varias semanas. El ejemplo griego es admirable y deberíamos tomar nota de que es posible la eficacia a pesar de los ritos burocráticos, excesivamente garantistas, y de las trabas procesales y administrativas que demoran inaceptablemente la formalización de las decisiones.

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