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Democracia tambaleante

En 2021, varios miembros del G20, como Brasil, India y Turquía, figuran ya entre los países que, según el Instituto de Investigación V-Dem, han pasado de ser democracias a ser autocracias

Jose Daniel Vila-Robert

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Un pilar fundamental de la democracia se tambalea. Hoy en día es fácil encontrar, en cualquier lugar del mundo, gobiernos que no protegen el derecho a la libertad de expresión. Las personas y los grupos se expresan con odio y de forma discriminatoria en nombre de la libertad de expresión. Los ciudadanos tienen que tomar, en repetidas ocasiones, decisiones vinculantes sobre la libertad de expresión. Un arriesgado paseo por la cuerda floja.

En principio, todo parece estar muy claro y definido. Tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, afirman: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección».

En Europa, el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950, confirmó la libertad de expresión como un derecho vinculante en su artículo 10. 
En la práctica, sin embargo, muchas cosas siguen siendo oscuras. Esto quedó meridianamente claro, tras los impactantes acontecimientos, que rodearon el cambio de poder en la presidencia de Estados Unidos de América, a principios de 2021 y la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca. Tras la suspensión de la cuenta del anterior titular, Donald Trump, en Twitter, Facebook y YouTube, surge ahora la pregunta de cómo se puede fortalecer la democracia y domeñar a los gigantes tecnológicos.

Hoy en día es fácil encontrar, en cualquier lugar del mundo, gobiernos que no protegen el derecho a la libertad de expresión

Las redes sociales se han convertido en un canal indispensable para el debate público, aunque ya no se las ve como una baza para la democracia. Las noticias falsas, las teorías de la conspiración y el odio dominan lamentablemente el panorama. Por todas partes hay países que intentan hacer frente a los problemas con nuevas normativas y contramedidas. Alemania asumió un papel pionero en este ámbito, a nivel mundial, con su ley «Netz-Durchssetzungs-Gesetz» (NDG). Y en Taiwán se ha creado una infraestructura digital «prosocial». Hasta ahora, en España no existe una normativa específicamente orientada a los medios sociales.

En nuestro país los medios de comunicación y los profesionales de la comunicación también están sometidos a presión. 

En Suiza, una revista del cantón de Vaud, especializada en delitos de guante blanco, sus dos fundadores fueron llevados a juicio en cinco ocasiones por un administrador de bienes y fortunas, con sede en Ginebra. Finalmente, se dictó sentencia en contra, prohibiendo la publicación. Para los periodistas amonestados se trata de un «ataque a la libertad de prensa».

Este caminar por la cuerda floja, con este pilar fundamental de la democracia moderna es muy arriesgado, pero forma parte de la cultura política. Todo el mundo es consciente de ello. En 2021, varios miembros del G20, como Brasil, India y Turquía, figuran ya entre los países que, según el Instituto de Investigación V-Dem, han pasado de ser democracias a ser autocracias. 

En estos países, cada vez con más frecuencia, no solo los periodistas son objeto de medidas de censura por parte de las autoridades, sino también los dibujantes que intentan poner a prueba los límites de lo permisible con sus caricaturas y diseños. 

Jose Daniel Vila-Robert es el ex Sub director General y director de Patentes e Información Tecnológica del Ministerio de Industria y Energía      
 

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