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Descrédito de los adivinos

El éxito de Arriola, definidor de mensajes y estrategias, siempre despertó envidias
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Desde que hemos convenido en que nada sucede porque sí, investigamos las pistas de lo que va a ocurrir según algunos signos. En tiempos, estas revelaciones estaban depositadas en el vuelo de un pájaro o en el hígado de un animal sacrificado a los descontentos dioses, pero necesitaban intérpretes. Los romanos les llamaban augures, ya que no se había inventado el tocomocho, pero existían astrólogos que anunciaban el futuro mirando a las estrellas y otros, más modestos, a los que les bastaba con observar las arrugas de la palma de las manos de sus clientes. No sabemos qué sistema era el preferido por el inteligente sociólogo Pedro Arriola, gurú favorito de Mariano Rajoy y antes de José María Aznar. Le ha llegado la hora de la jubilación, que sólo aceptan quienes se rigen por los calendarios, y será sustituido por su jefe de Gabinete, Jorge Moragas, dotado de idénticos poderes.

Cuentan los historiadores que el severo Catón el Censor, que fustigaba a los bribones, se hizo la gran pregunta: ¿Cómo se aguanta la risa un augur cuando se encuentra con otro? La cosa tiene mucho mérito, ya que la risa es casi como la tos, el amor y el fuego: imposible de esconder, aunque esté detrás de una máscara, porque hace ruido. El rotundo éxito de Arriola, definidor de estrategias y mensajes, como es natural y entre nosotros obligario, despertó siempre envidias. ¿Por qué usamos esa expresión si sabemos que la envidia es insomne? Lo suyo es una vigilia permanente. Tan perpetua que no le permite ni siquiera dar una cabezada.

A Jorge Moragas le esperan jornadas larguísimas como responsable de campaña. Se habla en los círculos viciosos bien informados de que el relevo tiende a dar una imagen de Rajoy mucho más caliente y sobre todo más cercana a la de sus posibles votantes, que siguen siendo muchos, pero no se sabe si serán los suficientes. Nadie cree ya en los adivinos, excepto en los que profetizan el pasado, aunque también se equivoquen.

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