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Desorden global

Lo sucedido en Afganistán debería generar una ardua meditación sobre el papel de Estados Unidos

PEDRO VILLALAR

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Desorden global. Foto: EFE/EPA/STRINGER

Desorden global. Foto: EFE/EPA/STRINGER

Lo sucedido en Afganistán, que en realidad es la segunda derrota internacional de los Estados Unidos en su historia, tras la de Vietnam, debería generar una ardua meditación sobre el papel global de los Estados Unidos, primera potencia mundial con gran diferencia y referente indiscutible de la democracia occidental, e incluso sobre las grandes instituciones supranacionales que tratan de hacer valer un código universal de conducta -las Naciones Unidas- y sobre la gran asociación militar y política que reúne a toda la democracia occidental, la OTAN.

El régimen talibán, que amparó los atentados de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, fue atacado ‘en legítima defensa’ por Washington y la OTAN y el país agresor fue dominado por la fuerza. Sin embargo, el régimen artificial que se construyó al amparo de la ocupación, basado en las pautas formales de Occidente y en unos códigos éticos que no rigen en el islamismo, no ha sobrevivido ni siquiera unos días a la salida de las tropas de ocupación, veinte años después.

Afganistán volverá a dotarse en estos días del mismo régimen talibán que fue abatido en 2001, dejando atrás un billón de dólares invertido en la guerra y varios millares de muertos occidentales.

La civilización volverá a ser reemplazada por la barbarie. Las mujeres regresarán de la libertad al burka. Ni Estados Unidos, ni Naciones Unidas, ni la OTAN han sido capaces de desmantelar el gran desorden. Habría que pensar en unas nuevas reglas para el futuro.

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