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Deudas

De nuevo la memoria vuelve al horror. Setenta años de la liberación de Auschwitz, del comienzo de la desnazificación
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De nuevo la memoria vuelve al horror. Setenta años de la liberación de Auschwitz, del comienzo de la desnazificación, de una generación entera de alemanes avergonzados de sus padres, pidiendo perdón por un continente llevado al límite de la extinción física y moral. Una generación, la del ‘milagro alemán’, que hizo propias las culpas ajenas, y que se conjuró para no olvidar ni repetir.

Fue la generación de Helmut Kohl. Una generación consciente de que las cosas habrían podido ser muy distintas para ellos si el camino de la venganza hubiese arraigado en Europa. De que la Guerra Fría, la partición de Alemania y el carácter de frontera con el comunismo había cambiado su destino, pero que detrás de todo eso había una voluntad sincera de reconciliación. Porque antes del Plan Marshall hubo otro plan. El de «convertir a Alemania en un país básicamente agrícola y pastoril en su carácter». Se llamaba Plan Morgenthau y lo firmaron el presidente de los EEUU, Franklin Delano Roosevelt, y el primer ministro británico, Winston Churchill. Los mismos que, acabada casi la guerra, mandaron borrar Dresde y sus habitantes en un horror de bombas incendiarias.

El ‘milagro alemán’ no fueron los dólares del Plan Marshall, sino poner fin a la venganza. Fue la quita de su deuda. Una deuda contante y sonante, en marcos alemanes, de reparaciones de guerra. Una deuda imposible de devolver, que iba a sumir a los alemanes en la miseria por décadas. Pero Europa venció a Dresde. En 1953, los acreedores de la RFA decidieron que esa generación de alemanes merecía una oportunidad. Que Europa la merecía. Les perdonaron sus deudas. Aplicaron una quita. Y sí: entre esos acreedores estaba Grecia. La misma Grecia que hoy pide una oportunidad. Que apela a un principio fundacional de la UE que Angela Merkel, sucesora de Helmut Kohl, parece no conocer.

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