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Diciembre

¡Por fin la ministra de Sanidad se ha ido! No por nada, sino por no haber hecho nada
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Si tuviéramos que definir este mes, creo que el calificativo más apropiado sería el del mes de la ilusión. No sólo por las fiestas y la alegría que nos espera, si no por ser el mes que acaba el año y se ponen todas las esperanzas para el que va a iniciarse. Siempre pensamos y creemos que el siguiente será mejor. En concreto se cierra un periodo de días de desespero, no digamos en estos tiempos en los que la crisis y más crisis nos acerca a la desesperación ¡Qué acabe el año y venga el siguiente, peor no puede ser!

Lo conocido, está visto y lo que vendrá (el futuro) no se sabe cómo se desarrollará. Todos deseamos que irá mejor y no va a ser por lo dicho de los “brotes verdes y las raíces profundas” es por la esperanza de los desesperados, la ilusión de los desilusionados, la paz de los maltratados, la tranquilidad de los descontentos, la dignidad de los indignados.

Muchas, demasiadas cosas han ocurrido en los casi 365 días transcurridos de este año. Tantas que sería imposible recordar todas. Si preguntáramos a la gente veríamos la gran dispersión de respuestas. Una que considero muy relevante ha sido el cambio generacional que ha sufrido el máximo poder del estado español. Se ha ido un rey y se ha puesto a otro, como el dicho popular “A rey muerto, rey puesto”.

Si lo pensamos detenidamente, debe ser un cambio importante y la consecuencia a una madurez política de la ciudadanía. Tiene que ser un cambio para avanzar a lo mejor, a lo óptimo, inclusive a lo excelente. Sin dudar un segundo, se debe consolidar una democracia estable, potente y envidiada, no una democracia de tres al cuarto, ya que si no es así, no saldremos de ser un país de chichaynabo y esto no es la ilusión de la gente.

Sin embargo, aún hay numerosos, demasiados ejemplos en los medios de comunicación e inclusive en los mensajes y whatsapps de los móviles personales que nos recuerdan una escasa evolución democrática. Que si Rato, Bankia, Barcenas, Gurtel, Pujol, Cotino, Púnica… El fallo está en los pésimos políticos que tenemos dominando el panorama del poder. Para muestra un botón, van y nos pretenden entretener con el pequeño Nicolás, con los altercados de los hinchas del futbol (que no digo no sea importante, pero no para tanto), que si los 1825 euros de Errejón, que si…¡País, así no vamos a ningún progreso!

Me gustaría resaltar un hecho acontecido recientemente que como médico me afecta enormemente. ¡Por fin la ministra de Sanidad se ha ido! No por nada, sino por no haber hecho nada y en estos tiempos… no es de recibo. Va el iluminado de turno y para agradecer a su amigo del alma, viendo que ya no podrá ser ministro en otra legislatura tal y cómo van las cosas, pone al frente del Ministerio a un político, cuando se necesita un técnico. Si quiere agradecer al amigo los años de dedicación al partido, que lo nombre presidente o vicepresidente del partido, nada de que Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad sea moneda de cambio y para dirigirlo sirve cualquiera.

Volviendo al tema, si la monarquía se ha actualizado ¿porqué no lo hacen los políticos? En los tiempos que corren necesitamos políticos bien formados para consolidar la democracia que pretendemos. Básicamente estos deben ser profesionales, excelentes profesionales, no aficionados temporales. Así, si al presente rey siendo príncipe le hicieron sudar la camiseta y restregar los codos por los pupitres de varias escuelas, facultades o universidades, ¿por qué a los políticos, que son los verdaderos artífices de los posibles cambios de la Constitución, de las leyes, de las reglas del juego, no se les exige profesionalidad? Basta con apuntarse a un partido, chupar años, pegar carteles o caerle bien al de arriba para ser un padre de la Patria. Creo que se debe ser más exigente y subir el nivel que nos están demostrando. Hay que dar paso a profesionales bien preparados que piensen en plural y no en singular. Por decir algo, les exigiría como mínimo una formación de dos años de servicios a la ciudadanía pasando por los más diversos campos del abanico social para bregarse en lo básico de nuestra sociedad, en los problemas de la ciudadanía, en el conocimiento del país. Además, un aprendizaje profundo de todas las leyes y reglas del juego democrático, pero sobre todo que no les falte educación. Si tienen educación cívica, moral, social, podemos estar tranquilos. Sin olvidar que a los que salgan elegidos representantes del Pueblo, se les tiene que pedir seriedad; valoración de su profesionalidad; dedicación al cargo, no al partido; ser evaluados periódicamente y si no llegan a los mínimos exigidos, apartarlos del cargo. Si unos se esfuerzan en ser lo mejor, otros con similares responsabilidades no pueden ser unos advenedizos. Por lógica hay que ir en sintonía.

Que este diciembre, mes de la ilusión, nos sirva también para la reflexión de lo que va a acontecer en el año nuevo que va a empezar, en este 2015 nos jugamos mucho. Sin dudarlo debemos poner ilusión en el futuro innovador, los vientos que nos traen los jóvenes políticos son esperanzadores, pero hay mucho que cambiar. De no ser así, puede que la palabra “scheissigdezember” (diciembre de mierda) hallada en el texto de “Los últimos días de nuestros padres” del magnífico novelista Joël Dicker (a seguirlo con pasión), sea una realidad y esto no es lo que anhelamos.

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