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Dimisiones y pactos

Tanto o más importante que la cultura de la dimisión, tras el 24-M será trascendental implantar y desarrollar la cultura del pacto
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Los líderes de los tres grandes partidos derrotados en las elecciones británicas de la pasada semana presentaron con modélica rapidez su dimisión. El laborista Ed Milliband, que había perdido el 10% de escaños, el liberaldemócrata Nick Clegg, que sufrió el mayor descalabro, y hasta el primer dirigente de UKIP, Nigel Farage, que obtuvo un ambiguo resultado, ya no están al frente de sus organizaciones. Tales comportamientos resultan aquí sorprendentes, si se piensa que, por ejemplo, Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, derrotado contra pronóstico en 2004, no sólo siguió siendo presidente de su formación tras aquella derrota sino que volvió a perder en 2008 y sólo en 2011 consiguió imponerse a un PSOE en caída libre. La renuncia de los líderes británicos, cargada de sentido democrático y de sentido común, constituye un gesto de respeto hacia su propio partido, que tiene así oportunidad de renovarse con la mayor libertad, y hacia sus electores, que han visto cómo la confianza depositada ha sido inútil, por lo que tienen derecho a esperar mayor eficacia de un nuevo candidato en el futuro. La cultura de la dimisión es, sin duda, un déficit de la política española que habría que corregir tomando ejemplo de las democracias con mucha mayor tradición. Yde cara a la próxima contienda electoral del 24 de mayo en ayuntamientos y comunidades autónomas, tanto o más importante será implantar y desarrollar la cultura del pacto.

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