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Dos cráneos, 200 kilómetros de trincheras y los huevos: de franco

Desconocidos. Ramonet pagó de su bolsillo un funeral, dos ataúdes y dos nichos para dos militares que fallecieron en el frente del Pallars. Su hermano murió en el del Ebre y aún no han encontrado ni un hueso suyo

Lluís Amiguet

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Dos cráneos, 200 kilómetros de trincheras y los huevos: de franco

Dos cráneos, 200 kilómetros de trincheras y los huevos: de franco

Ramonet, de la Pobla de Segur se encontró dos cráneos hace unos días en una de las trincheras del frente del Pallars, en las alturas del Cucut. Allí, hace setenta años, las tropas de Franco fijaron durante año y medio un frente de 300 kilómetros para aislar a Catalunya y evitar que las hidroeléctricas surtieran de energía a las fábricas barcelonesas.

Ramonet pagó de su bolsillo un funeral, dos ataúdes y dos nichos para aquellos restos mortales de los dos militares -no sabía de qué bando- que perdieron su vida en la batalla. Recorro ahora aquellas alturas con el historiador Manel Gimeno, que me apunta en la lejanía más de 200 kilómetros de trincheras, apenas un surco en algunas lomas, pero perfectamente distinguible.

Gimeno le preguntó a Ramonet lo mismo que medio pueblo: por qué se había molestado en costear de su bolsillo aquellas exequias para dos soldados desconocidos. «Mi hermano», respondía una y otra vez, «también murió en la batalla del Ebro y aún no hemos encontrado ni un solo hueso suyo. Yo he enterrado estos restos, porque espero que alguien, algún día, en algún sitio, haya hecho lo mismo con los suyos».

El sol cae a plomo sobre las alturas, donde sólo los quebrantahuesos y las voces de los muertos y heridos, que el historiador evoca en cada cota, nos acompañan. Manel enlaza una historia con otra, de su libro: Indrets d’una guerra

Ramonet también tenía familia. Y la familia una granja, entonces con 45.000 soldados yendo y viniendo por la zona, un tesoro de pollos, conejos, huevos, huerta y hasta un horno de pan siempre en marcha.

Los oficiales franquistas recién llegados al frente quisieron comprar algunos y preguntaron al ama de la casa cuánto costaban unos conejos y tal vez una docena de huevos. La señora ya intuía quién llevaba las de ganar y no se anduvo con remilgos:

-Cada conejo a dos pesetas. Los huevos: de franco. La señora quería decir «gratis», pero no estaba acostumbrada al castellano y se le escapó la catalanada.

Los militares le pusieron la mayúscula al franco y el grito en el cielo: «¿Con que los huevos de Franco? ¡Al cuartelillo!» Y la señora acabó pidiendo perdón en el puesto de guardia. No estaban las mayúsculas para heroicidades. En ninguno de los dos bandos.

Manel ha hecho un minucioso recuento de víctimas de la represión en la zona de uno y otro bando y las cifras resultan sorprendentemente parejas: 72 y 73.

¿De verdad importa hoy cuántos mató cada uno? Pues durante años en el Pallars, como en el frente mucho más importante y cruento de l’Ebre, la discusión de las cifras y los hechos dividieron cada comarca, cada pueblo y hasta cada casa.

El historiador cree que por fin en los ochenta el pujolismo y el catalanismo moderado contribuyó a superar esas divisiones. En esa corriente de centralidad política se podían encontrar hijos y nietos de los asesinados de uno y otro bando y sus familias. 

Era lógico que ganaran tantas alcaldías y que se convirtieran allí en fuerza hegemónica. Por eso, todos recordamos concejales, presidentes de diputación y hasta algún conseller que pasó de vestir la camisa azul a cantar Els segadors. 

Y hoy sabemos que no era lo que pretendía Pujol, en realidad, pero fue bueno para todos. Ahora Manel como él se han convertido en pacientes recuperadores de la memoria de proximidad. Temen que el olvido nos devuelva a las trincheras. Por eso, hay que volver a visitarlas para no volver a excavarlas.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona. 

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