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Economía circular para un crecimiento inteligente de Europa

Artículo de opinión de Santiago Castellà, Director de la Cátedra Tarragona Smart Mediterranean City de la Universitat Rovira i Virgili

Santiago Castellà

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La Economía Circular, lejos de ser una moda pasajera, relativa a aspectos marginales de la economía y con una alta carga simbólica y comunicacional, supone un cambio radical y en profundidad de paradigma, que ha venido para quedarse. Nada será igual a partir de ahora, y así lo han entendido las economías más emergentes y dinámicas del mundo.

Nuestra forma de producción y consumo es insostenible y debemos reaccionar con alternativas productivas que sigan garantizando el crecimiento económico y empleo pero de forma más inteligentes, o lo que es lo mismo, de forma más sostenible. Por eso una de las claves de la estrategia Europa 2020 se basa en la Economía Circular bajo el epígrafe «Una Europa que utilice eficazmente los recursos». No es una ocurrencia al uso, ni estamos ante un mantra publicitario, todo lo contrario, la visión de la economía circular supone la emergencia y plasmación de un conjunto de valores que están latentes en los sectores más jóvenes y dinámicos de la población mundial; un cambio de valores, de actitudes y de hábitos, que se centra en la sostenibilidad, en la post-abundancia, en la posibilidad de hacer más con menos, en el respeto a la naturaleza, en el reciclaje, la colaboración y el compartir, las aplicaciones de coste marginal cero, la autoproducción, el kilómetro cero, la simbiosis industrial,…

Asistimos al nacimiento de una nueva era post-industrial, de la mano de las tecnologías de la Información y la Comunicación, cimentada sobre valores nuevos, y que encuentra en la economía circular el paradigma económico para abordar las posibilidades de un crecimiento inteligente y sostenible. La cuadratura del círculo: mejorar los resultados productivos reduciendo el uso de los recursos; o lo que es lo mismo, implementar en los procesos las lógicas de la eficiencia y del reciclado.

Frente al modelo de desarrollo lineal progresivo, propio del capitalismo industrial, ha surgido este modelo circular, que tiene la virtud de no cuestionar el avance y el progreso en espiral, pero que rechaza dejar a su paso un escenario de tierra quemada. Los elevados daños ambientales y la enorme degradación de la Tierra en el último Siglo, han hecho que desde concepciones basadas en la sostenibilidad se busque respuestas efectivas para un crecimiento y un desarrollo realmente sostenible, o sea inteligente.  

Superadas, a mi entender, las ideologías anti-crecimiento que partían de la pretendidamente inocente pregunta de ¿Por qué hemos de crecer?, ha emergido con fuerza el (los) modelo de la Economía Circular, basada en una concepción global e integradora, capaz de combinar mágicamente innovación (creatividad), crecimiento (riqueza), uso prolongado y racional de los recursos, reciclaje y respeto radical por el medio ambiente.

Es una economía, inicialmente industrial, reparadora, que pretende retornar a la naturaleza de forma adecuada todo lo de ella extraído, basándose en el modelo de los sistemas de retroalimentación, especialmente los sistemas vivos. Es una alternativa al actual modelo de producción lineal basado en agotar las reservas naturales para crear cientos de residuos amontonados en vertederos. La idea es que los residuos son alimento, que la diversidad es un potencial, y que la energía ha de ser renovable.

En 2012, y con su visión en 2020, la Comisión Europea en su documento ‘Para una Europa utilice eficazmente sus recursos’ afirmaba que «en un mundo con una creciente presión sobre los recursos y el medio ambiente, la UE no tiene más remedio que ir a por la transición a una economía regenerativa circular y en última instancia, que utilice eficazmente los recursos». Para ello, las instituciones de la Unión han aprobado una trascendente y determinante estrategia de actuación, cuyo desarrollo está en marcha y marcará todos los aspectos de la producción y el consumo, cambiando actitudes, comportamientos, hábitos y prácticas con las que llevamos tiempo conviviendo pero que el Planeta no se puede permitir.

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