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El Coliseo de Roma

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La construcción del conocido antiguamente como Anfiteatro de los Flavios, y hoy como Coliseo Romano (nombre que no proviene de su gran tamaño, sino de la colosal estatua de Nerón que se alzaba en sus cercanías) fue encargada por el emperador Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, con la intención de que fuera el edificio más grandioso que jamás hubiese sido visto.

Su construcción comenzó dos años después de la conquista de Jerusalén, en el año 70 por el general Tito. Fue inaugurado tan solo ocho años después, en tiempos del entonces emperador Tito. El acto inaugural (que duró cien días) supuso la muerte de 2.000 gladiadores y 9.000 animales. Durante el reinado del emperador Antonino Pío (86-161), la parte superior del Circo Máximo, construida de madera, se incendió y derrumbó durante un torneo de gladiadores con el resultado de 1.112 espectadores muertos.

El Coliseo se modificó durante el reinado de Domiciano. A pesar de terremotos, incendios y expoliación de picapedreros sigue en pie, erigido para la admiración del mundo. Lo que Vespasiano pretendía con su construcción, además de inmortalizar su nombre, era mucho más práctico: encontrar una diversión que alegrase a los 300000 parados de la ciudad, que entonces tenía aproximadamente un millón de habitantes, y así evitar cualquier tumulto de sus ciudadanos. En el año 1980, la UNESCO declaró al Coliseo de Roma Patrimonio de la Humanidad.

F. Ortiz de Pinedo Mendiluce (Tarragona)

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