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El Día Internacional de la Felicidad

El índice planetario de felicidad ha crecido un raquítico 0,5% en el último lustro

Josep Muñoz i Gràcia

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El día 19 celebramos la festividad de San José y el día del Padre, un día después y al entrar en primavera se celebra el día Internacional de la ‘felicidad’ Por eso creo interesante reflexionar y puntualizar sobre ella.

«La felicidad no es posible definirla, pues ésta es algo distinto en cada persona», apuntó el filósofo José Ortega y Gasset. Es tan difícil definirla que muchos expertos prefieren hablar de bienestar. La primera duda surge ya con el propio uso del término felicidad, que se emplea en dos sentidos: como alusión a una emoción más o menos inmediata –¿fuiste feliz ayer?– o como una valoración general –¿eres feliz?–. Normalmente damos respuestas diferentes a estas dos preguntas. Así una persona pobre puede sentirse dichosa en un momento concreto a la vez que alberga una profunda sensación de infelicidad sobre su existencia. Además, no es lo mismo una situación objetivamente feliz que la experiencia subjetiva de ese bienestar. Es demasiado frecuente el sentimiento de no haber valorado lo que poseíamos que nos invade cuando lo perdemos. Por felicidad se entiende sentirse bien, disfrutar de la vida y sentir que es maravillosa. Y por infelicidad se entiende sentirse mal y desear que las cosas fueran diferentes.

En un informe elaborado por la ONU con datos de 156 países, el índice planetario de felicidad ha crecido un raquítico 0,5% en el último lustro, apoyado sobre todo en su aumento en Asia y Latinoamérica. La España de la crisis ocupa el puesto 38 del ranking del bienestar, y es el sexto país que más cuota de dicha ha perdido desde el 2007.

Así la felicidad es ese pez escurridizo que se nos escapa de las manos, cuando en nuestro interior es el objetivo más deseable, por encima de encontrarle un significado a la vida, hacerse rico o incluso ir al cielo.

La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable. El ciclo de la vida tiene forma de U. Alcanzamos un pico de bienestar al entrar en los 20 años, nuestro mínimo llega a la mediana edad ( 40-50 años) y al envejecer volvemos a sentirnos más pletóricos. Es cierto que existen personas que nacen con una predisposición a la felicidad. Sin embargo, durante la vida aprendemos a ser felices o a ser infelices. Si nuestros padres o uno de ellos, viven quejándose, fijándose sólo en el aspecto negativo de las cosas, sintiéndose derrotados o agobiados ante los problemas y las dificultades, etc., probablemente nosotros actuemos de la misma manera. Con el convencimiento de que lo fácil no existe para ser feliz y la certeza que todo lo que es fácil es garantía de fracaso, debemos intentar ser felices y colaborar para que los otros también lo sean, en beneficio común.

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