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El Serrallo

Recuerdo de mi infancia la llegada del pregonero a la plaza del pueblo
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Recuerdo de mi infancia la llegada del pregonero a la plaza del pueblo: «¡Sardines de Tarragona!», anunciaba cuando la gente se asomaba a los balcones. Las traían del Serrallo.

Para quienes somos de pueblo, este barrio tiene una medida muy humana. El mar, el río y la vía del tren forman las fronteras inamovibles del puerto pesquero líder de Catalunya en capturas.

A mí me capturó su ambiente, que Joan Antoni Domènech retrata con tanto acierto en su libro Teoría del Serrallo, cuya lectura despertó en mí cierta nostalgia, por ejemplo al hablar del restaurante del Vell Nàutic o del decadente Buenos Aires, de madera, que aún conocí.

El Serrallo –bien lo dice el autor– son sus gentes, su parroquia, sus barcas y callejuelas donde viven personajes tan populares como los que aparecen en el libro, entre ellos Francesc Pedrol, padre de Pepo, la amable referencia del Serrallo en el Diari.

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