El Sinaí hanseático

La imperiosa necesidad mediterránea de financiación externa ha colocado ahora a Bruselas en condiciones de forzar un compromiso 

DÁNEL ARZAMENDI BALERDi

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DÁNEL ARZAMENDI BALERDi.

DÁNEL ARZAMENDI BALERDi.

Los Veintisiete han aprobado esta semana un plan de ayudas para los países más golpeados por la crisis económica provocada por el coronavirus. Esta iniciativa marca un hito en el proceso de integración europea, y no sólo por su importe (750.000 millones de euros), sino también porque se financiará con la emisión de deuda común bajo el paraguas del presupuesto comunitario. Los principales beneficiarios de este rescate serán Italia y España, cuyas economías han resultado devastadas por la pandemia. En nuestro caso, el plan prevé la transferencia de 140.000 MEUR entre 2021 y 2023, la mitad en forma de préstamos y el resto como ayuda sometida al cumplimiento de ciertos objetivos.

En efecto, los regalos sólo los traen los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez. Incluso éste exige algo a cambio. Desde la crisis financiera de la pasada década, la Comisión venía planteando cada primavera las ‘Recomendaciones específicas’, una serie de directrices muy concretas para corregir los desequilibrios de cada economía nacional. Al no tener carácter vinculante, estas sugerencias solían caer frecuentemente en saco roto. Pero la imperiosa necesidad mediterránea de financiación externa ha colocado ahora a Bruselas en condiciones de forzar un compromiso de rigurosidad que varios gobiernos del sur se resistían a acatar, por el temor al impacto electoral de algunas de estas medidas. 

Efectivamente, el reciente acuerdo sobre el fondo de reconstrucción cambia completamente el panorama, y es ahora la UE quien tiene la sartén por el mango: los países que deseen recibir ayudas comunitarias deberán diseñar un plan de reformas e inversiones basado en estas recomendaciones (que ya no lo son tanto). Como señaló la presidenta de la Comisión, estos criterios «no siempre han tenido los efectos necesarios en los Estados miembros, porque estaba en sus manos decidir si los aplicaban o no. Ahora habrá objetivos, cuyo cumplimiento se verificará, y entonces se desembolsarán los pagos». Blanco y en botella. Además, si cualquier socio comunitario considera que un país no está cumpliendo, podrá activar instantáneamente el ‘freno de emergencia’ y paralizará las ayudas. Tonterías, las justas.

Este sistema ha sido valorado en España de forma desigual. Así, mientras algunos destacan el éxito negociador del ejecutivo (sin querer ver la indudable cesión de soberanía económica que acarrea), otros celebran el marcaje que supondrá a las políticas futuras del gobierno de PSOE y Podemos. En mi opinión, ambos aspectos son positivos: el primero, porque este rescate aliviará la asfixia financiera que nos amenazaba, y el segundo, porque obligará a nuestras autoridades a poner en marcha algunas reformas de carácter ineludible. Como ocurre en muchas facetas de la vida, cuando uno no tiene agallas para hacer voluntariamente lo que debe, al final viene alguien de fuera y te lo impone. En este caso, ha sido Ursula von der Leyen quien ha bajado del Sinaí hanseático, armada con las tablas de la nueva ley comunitaria. Los diez mandamientos para España son los siguientes:

Primero: realizarás un ajuste presupuestario a medio plazo. Desde Bruselas se asume que nuestro déficit se disparará este año por encima del 10% del PIB, pero «cuando las condiciones económicas lo permitan», el gobierno deberá recuperar un equilibrio que garantice la sostenibilidad de la deuda.

Segundo: reforzarás la unidad de mercado. Deberán suprimirse las restricciones al ejercicio de profesiones reguladas, así como reducir las disparidades normativas entre comunidades autónomas, pues la UE las considera un obstáculo para la competencia, el dinamismo y el crecimiento.

Tercero: implementarás medidas compensatorias para proteger el sistema de pensiones. La Comisión teme la quiebra del modelo español a medio plazo, por lo que exige volver a vincular el incremento anual de las jubilaciones con la evolución de la inflación.

Cuarto: reducirás la alta tasa de temporalidad laboral. Además de ser el segundo país con más paro del continente, España es también una de las economías con menor proporción de contratación indefinida, un fenómeno que perjudica la cohesión social, la formación laboral y la productividad.

Quinto: mejorarás la eficacia de las ayudas sociales. El actual modelo se halla disperso en múltiples planes, con significativas diferencias entre territorios, por lo que será necesario reforzar y simplificar su funcionamiento para «mejorar la cobertura y la suficiencia de los sistemas de renta mínima y ayuda a las familias».

Sexto: promoverás un pacto transversal para impulsar la educación. Se trata de un reto pendiente desde hace décadas, cuya consecución permitirá reducir el abandono escolar, avanzar hacia la excelencia, dignificar la formación profesional y adaptar la oferta educativa al mercado laboral.

Séptimo: aumentarás la inversión en I+D+i. España gasta la mitad que la media europea en investigación, desarrollo e innovación, tanto en el ámbito público como el privado, lo que exige replantear nuestras políticas de fomento del emprendimiento, la digitalización y la internacionalización.

Octavo: optimizarás las redes de infraestructuras. Bruselas reclama también un impulso en este ámbito, tanto en lo referente a las redes de electricidad y gas, como a la extensión del transporte de mercancías por ferrocarril, con especial atención a las conexiones transfronterizas y los enlaces con puertos y centros logísticos.

Noveno: combatirás el cambio climático. La Comisión apuesta firmemente por la promoción del transporte sostenible, el desarrollo de la economía circular, la optimización en la gestión del agua, el almacenamiento de la energía eléctrica procedente de fuentes renovables, etc.

Y décimo: fortalecerás el sistema sanitario. La respuesta ante la pandemia ha evidenciado las carencias de un modelo de salud que considerábamos ejemplar, una fragilidad que nos obligará a realizar un esfuerzo notable en la ampliación de plantillas, inversión en infraestructura y aprovisionamiento médico.

Dánel Arzamendi Balerdi es colaborador de Opinió del ‘Diari’ desde hace más de una década, ha publicado numerosos artículos en diversos medios, colabora como tertuliano en Onda Cero Tarragona, y es autor de la novela ‘A la luz de la noche’.

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