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El Valle de las desmemorias el franquismo sociológico existe

Macabra carambola del destino. Alrededor de las tumbas de Franco y de Primo de Rivera y junto a los cadáveres de 20.000 soldados del bando nacional, hay soldados republicanos que descansan junto a sus verdugos

Natalia Rodríguez

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Cada día los monjes benedictinos que custodian los restos mortales depositados en las criptas, rezan por Francisco Franco y por José Antonio Primo de Rivera en un ritual no sólo atávico, sino ilegal, y lo hacen ante un montón de almas que seguramente quisieran estar en otra parte. 

¿Qué hacer con el Valle de los Caídos? Seguramente el primer paso -exhumar a Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera- nos brindará la oportunidad de reflexionar sobre qué significado darle a ese espacio. 

Unos ciclistas llegan jadeantes mientras comentan las jugadas de Cristiano Ronaldo. No saben cómo odiarle. «Menos mal que Messi jugó fatal», dice uno de ellos. Aquí, el que no se conforma, es porque no quiere… Beben agua y pronostican resultados para la selección nacional española. Una cigüeña negra nos sobrevuela. 

Varios matrimonios de jubilados se fotografían ante la basílica. «Ponte ahí que quiero que salga la cruz». Encuadre complejo. «Aquí murieron los que tuvieron que morir. Nada de miles. Nada de asesinatos.

Aquí se trabajaba bien y se cobraba bien, que yo lo vi. Que mi padre se hizo un hartón de entrar barras de hierro. Aquí por Navidad se regalaban bicicletas. Que yo lo vi».  Avanzan hacia la basílica sin complejos. «Pues mira que les va a molestar mucho Franco ahí muerto…con la lápida que tiene ¡Ese no molesta a nadie!» Continúan su camino al paso de caderas de titanio costeadas por la seguridad social.

El franquismo sociológico existe, o la necesidad de sentirse cómodo con el pasado de cada uno, que viene a ser lo mismo. 

En el interior de la basílica las tumbas de José Antonio Primo de Rivera y de Francisco Franco están permanentemente vigiladas por funcionarios de la Dirección General del Patrimonio Nacional. No se pueden hacer fotos. Unos ramos de claveles rojos y blancos están depositados encima de las lápidas. Los claveles lucen frescos. 

Alrededor de las dos tumbas centrales, en las criptas laterales, los dos hombres están acompañados por más de 33.000 cadáveres.  Unos 20.000 corresponden a los soldados del bando «nacional» que las autoridades franquistas hicieron transportar al Valle de los Caídos para llenar de «contenido» el monumento.

Otros miles de cadáveres corresponden a soldados republicanos que fueron enterrados en fosas comunes en los cementerios de la zona ocupada por los golpistas. Unos soldados que descansan bajo la montaña de la Sierra de Guadarrama junto a sus verdugos en una macabra carambola del destino. 

La otra foto

Mónica, su marido y su hijo vienen de Badajoz. «Mi hijo quería verlo antes de que lo desentierren. Y a eso hemos venido». Unos minutos antes y ante la mirada de la funcionaria de turno, Mónica y su marido han caminado por encima de la tumba de Franco en un gesto de triunfo que les pertenece.

 «Que lo saquen ya, que todo esto no tiene ningún sentido» comenta la extremeña. «Mira» me dice mientras saca del bolso una bandera republicana, «¿A qué no me haces una foto?» 

¡Por supuesto que le sacamos una foto! De un solo gesto se coloca la bandera de la Segunda República española al hombro como si fuera la capa de un torero y posa sonriente. Las dos Españas bajo el mismo sol ardiente. En el cielo, la cigüeña negra continua su vuelo indiferente.

 

Periodista. Nacida en Tarragona, Natàlia Rodríguez empezó a ejercer en el Diari. Trabajó en la Comisión Europea y colabora en diversos medios. Vive entre París y Barcelona.

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