Opinión Al margen

El abandono de Génova

Mientras el PP no asuma con valentía su pasado, Vox seguirá engordando a costa de las deserciones que sufran los populares

Antonio Papell

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El abandono de Génova

El abandono de Génova

El pésimo resultado del PP en las elecciones del 14-F en Cataluña, superado por Ciudadanos y por Vox y sin posibilidad de crear grupo parlamentario propio, constituye objetivamente un gran fracaso para Pablo Casado y su equipo, que llevan tres años al frente de su organización sin atinar en el rumbo ni en la estrategia.

Casado ha pasado de pactar con Vox la gobernación en Andalucía y de protagonizar la malhadada fotografía de Colón que legitimaba a Vox a los ojos de la derecha democrática, a la confrontación directa con este partido de extrema derecha en la moción de censura de los de Abascal contra el gobierno.

Tras la débacle, Casado, interpelado por la sociedad en general y por sus seguidores en particular, ha tomado una decisión rotunda: abandonar Génova, con el argumento certero de que no puede permanecer en una sede cuestionada por los tribunales por ser parte de presuntas corrupciones. El gesto es pertinente, pero no es eso lo que se le preguntaba. Lo que el hemisferio derecho de este país, cargado de perplejidad, esperaba de Casado era un proyecto, una respuesta a la hecatombe.

Mientras el PP no salga de su ensimismamiento, no asuma con valentía su pasado, no consolide su ruptura con los líderes que no respetaron suficientemente el juego limpio -Kohl también estuvo en el ostracismo al término de su brillantísima ejecutoria en activo-, no trace un programa moderno, liberal y compasivo al tiempo, escrupuloso con los derechos humanos y generoso con las minorías y los inmigrantes, que incluya subprogramas generosos e inteligentes para Euskadi y Cataluña, Vox, que aparece como una pesada roca monolítica, seguirá engordando a costa de las deserciones que sufra el PP.

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