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El acuerdo

Los atletas de la ley siempre pueden llegar más lejos, más alto y más rápido
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Los fiscales usurpan el puesto de los defensores, que están ocupados en atacar a sus clientes más indeseables. Quienes nos han metido en el lío, que chorrea sangre azul, son los que tenían menos disculpas, ya que lo tenían todo ganado desde esa piscina lilliput que llamamos la pila bautismal. No se conformaban con tenerlo todo, ya que querían algo más. De ahí el enredo jurídico de Horrach, que no ve el delito fiscal que sí aprecian el juez y la Audiencia de Palma y reclama que se aplique la llamada ‘doctrina Botín’, que nos suena a los profanos al poder bancario que acumuló aquel gran financiero, que solo fue inferior a sus ganancias.

El alegato para exonerar a la infanta no nos parece bien ni mal, sino necesario. ¿Por qué no se le pueden pedir peras al olmo? Sería magnífico que variaran su monótono comportamiento botánico. El injerto de Urdangarín le salió mal a los jardineros, pero ha llegado el momento de pedir clemencia para él, que todo ladrón debe tener cien años de perdón y no 19 años de cárcel. Por una sola vez, que ojalá sirva de precedente, hay que rogar un punto de piedad para el convicto golfo. No es normal que se le castigue con una pena equivalente a la que se le aplica a los asesinos, incluidos los que ponían bombas para conseguir la independencia de su pequeña región dentro de su pequeño país. Iñaki Urdangarín no ha matado a nadie. Únicamente aspiraba a vivir mejor que todos sus compatriotas. Cosa que logró durante una buena temporada.

El rigor de la ley no debiera extremarse en casos concretos con la secreta disculpa de dar ejemplo. La ley debe ser igual para todos y no más distinta para unos que para otros. Este señor, que ha gozado de tantas cosas, sufre «un juicio paralelo». Hay que darle gusto a la gente, no a la Justicia, y llegar a un acuerdo no es difícil cuando se salta la ley. Depende de los atletas de la abogacía, que siempre pueden llegar más lejos, más alto y más rápido. Salvar a la infanta no debe ser requisito para triturar a su marido, son males gananciales.

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