El alfabeto griego

ÁLEX SALDAÑA

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El alfabeto griego

El alfabeto griego

Entre las pocas cosas positivas que nos ha traído esta cruel pandemia que no acaba de dejarnos en paz se halla la posibilidad de reencontrarnos con el alfabeto griego, gracias a la aparición de nuevas variantes del virus. Si la primera fue la alfa, vista por primera vez en el Reino Unido el 18 de diciembre de 2020, pr

ácticamente a la vez que surgía la beta en Sudáfrica, hace apenas unos días conocimos a la última –por ahora, que nunca se sabe–, la ómicron. En medio hemos tenido la gamma, que asomó en Brasil el 11 de enero de este año, y la famosa delta, detectada en India en mayo. La elección del alfabeto griego para designar las nuevas cepas del coronavirus obedece a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) quiso que tuvieran un nombre fácil de entender para los que no somos científicos –para ellos son una secuencia de letras y números ininteligibles e imposibles de recordar para el resto de los mortales– y, además, que no sirvieran para estigmatizar a ningún país.

Y es este motivo de evitar relacionar a un lugar o a una persona con los virus por lo que antes de llegar a ómicron la OMS decidió saltarse a nu, por su parecido con nuevo, en inglés, y xi, porque es un apellido muy común –el mismísimo presidente de China se llama Xi Jimping–. Aunque lo realmente deseable es que no tengamos que llegar hasta omega, la vigesimocuarta y última letra griega, pues eso significaría que la pandemia seguirá un buen tiempo entre nosotros. Y es que ni siquiera queremos conocer a pi, el nombre para la siguiente variante si la OMS no decide omitir más letras.

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