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El año que no deberíamos vivir peligrosamente. Predicciones o deseos para 2020

Fin al síndrome del territorio desgraciado. Quienes amamos Tarragona demostraremos que nos merecemos un espacio entre lo mejor de la cultura, la gastronomía, el deporte, la ciencia, la universidad y la economía

LLUÍS AMIGUET

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LLUÍS AMIGUET

LLUÍS AMIGUET

Estaba escribiendo sobre qué creo que pasará en el 2020 cuando la explosión de nuestra petroquímica ensordece cualquier otra reflexión. Y convierte en banal la que hagamos más allá del dolor por las víctimas y la solidaridad con sus familias. Por eso, debo mi primera predicción tanto a mis deseos como a mis razones.

1. Tarragona no volverá a aparecer en la sección de sucesos de ningún medio junto al balconing del turismo masivo, las alarmas de las nucleares y los crímenes machistas.

2. Quienes la amamos superaremos el síndrome de territorio desgraciado y demostraremos que nos merecemos un espacio entre lo mejor de la cultura, la gastronomía, el deporte, la ciencia, la universidad y la economía de este país.

3. Era normal que la oposición atacará a los JJ.OO. del Mediterráneo, pero no lo es que toda la sociedad civil de la ciudad asuma con desánimo que no somos capaces de superar con éxito un reto colectivo. Lo somos y encontraremos otro mayor para que la ciudad recupera su autoestima y su orgullo.

4. Los comercios de nuestro territorio volverán a ser un foco de prosperidad y alegrías -¡qué pena da el carrer Unió antaño floreciente!- y compraremos en ellos, porque es más sostenible y enriquecedor probarse unos zapatos y llevárselos en la calle de al lado que comprarlos por ordenador.

5. Esta legislatura aguantará hasta 2021, por lo menos. Pueden dudar de la capacidad o preparación de Pedro Sánchez, pero los hechos demuestran su voluntad de poder y su presteza al rectificar para servirla cuando se equivoca. Hoy conecta con la calle -harta de huero activismo- cuando apuesta por la moderación. (El vicepresidente también ha aprendido que sólo realizará su ambición si admite el límite que le pone el electorado).

6. Hablaremos menos del Procés, porque ya se estará hablando de él en una mesa de negociación más compleja y confusa que cualquier manifestación. Cada vez nos será más difícil sentir de qué parte estamos obligados a estar y matizar nuestra postura en un tuit o un par de consignas. Por eso, el diálogo, sólo con ser anunciado, romperá, de hecho ya ha roto, la dinámica bipolar de bloques identitarios. Estaremos igual de divididos, pero menos enfrentados.

7. El govern catalán, forjado en el frentismo, no soportará la tibieza del nuevo clima político y no llegará a Navidad. Y en las próximas elecciones será mucho más difícil decidir la papeleta más patriótica. El nuevo clima de moderación y pragmatismo premiará la transversalidad en las coaliciones.

8. No habrá recesión en el planeta, porque estamos en año electoral estadounidense y el incumbente Trump inundará de liquidez el mercado -la Fed le obedece- al mínimo titubeo de Wall Street; los demás mercados le seguirán.

9. Trump perderá las elecciones, porque ya las perdió frente a Hillary por 3 millones de votos y en los pequeños estados donde se decidió su victoria, los efectos de la mejora económica no han sido suficientes como para que la mayoría que votó a Trump por enfado repita en noviembre por convicción.

10. El mundo seguirá desmaterializándose: cada vez tendremos menos propiedades en átomos y más copropiedades en bytes (yo tenía biblioteca, videoteca, recortes de diario de hemeroteca y cd-teca: hoy tengo Amazon y Netflix). El resultado es que cada vez consumimos menos materias primas. Y trillones de toneladas de ellas está volviendo a la naturaleza.

11. El año que viene publicaré mis errores en estas predicciones y ustedes pagarán por leerlas, porque todos pagaremos por cualquier diario de calidad. Y estaré encantado de leerles en las redes si me quieren rectificar antes.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona. 

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