Más de Opinión

Opinión Management

El arte de fracasar: cinco 'soft skills' clave

LUCA DELL'ORO

Whatsapp
Luca Dell’Oro, director del Master in Marketing Management de ESIC Barcelona

Luca Dell’Oro, director del Master in Marketing Management de ESIC Barcelona

Fracasar no es sinónimo de perder ni desaparecer, sino de avanzar hacia el éxito pues, para ganar, debemos tener el atrevimiento de fallar alguna vez. Aun así, en nuestra cultura, el fracaso es visto como un hecho que debemos ocultar a toda costa, con el objetivo de no manchar nuestro currículum, mientras que el éxito es elevado a la máxima esfera.

Si nos adentramos en el origen de esta creencia, nos daremos cuenta de que nos es inculcada desde temprana edad y reforzada a lo largo de nuestra experiencia vital. Es ya en la etapa escolar, y posteriormente en estudios más avanzados, donde se suele emplear un 99% del tiempo a enseñarnos a triunfar y un escaso 1% a superar los tropiezos, una ratio totalmente invertida en el mundo laboral, donde un alto porcentaje de empresas sufren para triunfar y solo la excepción consigue calar en el mercado sin un gran sacrificio previo.

Dicho esto, si las personas construyen su identidad entrenadas únicamente para el éxito, es lógico imaginar que los directivos, a cargo de grandes proyectos, se sientan desarmados ante contratiempos y riesgos inevitables. Justamente por este motivo, me gustaría compartir algunos conceptos que, desde mi propia experiencia, creo que pueden ayudar a los managers, tanto en la gestión de las adversidades como en las etapas de éxito sostenido.

En primer lugar, quisiera destacar la capacidad de analizar la situación en la que la organización se encuentra. A priori, esto parece sencillo, pero la realidad es que muchas empresas sufren de miopía competitiva, con la consecuente falta de realismo y habilidad para anticiparse a las tendencias. Así, este punto no consiste en realizar una investigación tediosa y teórica sobre las circunstancias que atañen al negocio, sino en extraer pruebas fehacientes que nos permitan vislumbrar posibles problemas con los que ponernos manos a la obra.

Una vez desarrollada esta fase, es necesario poner en práctica la capacidad de dibujar escenarios realistas con el propósito de cerciorarnos de que no estamos conduciendo la estrategia empresarial en medio de la niebla y, no solo eso, sino también para integrar unas luces de corto y largo alcance que afinen nuestra destreza para prever distintas casuísticas y desarrollar posibles planes a futuro.

De igual importancia es la actitud ante el fracaso, la cual permite dejar a un lado los «y si» en relación con desenlaces mejores y desarrollar una mentalidad alejada de culpar a quien ha cometido un error, para ayudarle a entender las causas reales del problema y remar, entre todos, a favor de los objetivos comunes. Asimismo, es primordial establecer relaciones de confianza con el equipo, de forma que los empleados sean capaces de comunicar abiertamente a sus superiores los problemas y obstáculos, así como las ideas y propuestas de mejora, que vayan surgiendo en su día a día laboral.

En nuestra cultura, el fracaso es visto como un hecho que debemos ocultar a toda costa, mientras elevamos el éxito

Por último, el quinto factor a tener en cuenta es saber valorar los pequeños pasos colectivos. Nadie vive y actúa de forma totalmente lineal, sino que dibujamos caminos sinuosos que nos llevan hacia los objetivos deseados. Por este motivo, debemos aprender a celebrar cada paso de la carrera pues, antes de llegar a la meta final, se encuentran muchas otras etapas fundamentales que debemos superar.

Con todo lo dicho, el fracaso es solo una etapa dentro de nuestros planes hacia el éxito. Como se suele decir, «fracasa rápido y barato», pero, más importante todavía, hagámoslo con lógica y sensatez, casi planeándolo, retando nuestros límites y descubriendo los terrenos hacia los que nuestra empresa no debe dirigirse. Solo así nos daremos cuenta de hasta dónde podemos llegar y cuál es la mejor manera de hacerlo.

Temas

Comentarios

Lea También