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El ascenso de Pedro Sánchez

Sánchez ha plantado su pabellón y se ha mostrado como un político curtido
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El PSOE estaba bajo mínimos cuando Alfredo Pérez Rubalcaba, exhausto, obtuvo un decepcionante resultado en las elecciones europeas de mayo de 2014. Rubalcaba decidió marcharse, en medio de una grave sensación de decadencia y fin de ciclo. La etapa de Rodríguez Zapatero terminaba así abruptamente, una vez que se hizo evidente que la opinión pública, incluido el electorado tradicional del PSOE, había querido desconectarse de aquel pasado agraz. Las primarias convocadas para resolver el vacío creado se dirimieron entre dos jóvenes aspirantes y un veterano heterodoxo. Finalmente, la militancia puso la secretaría general del PSOE en manos de Pedro Sánchez, un joven profesor universitario de Economía que había conseguido el escaño de diputado a Cortes por Madrid gracias al abandono de Pilar Narbona. Sánchez es un buen dialéctico, sabía inglés y resultaba un perfecto desconocido para la mayoría de los ciudadanos. Rodeado de un joven equipo, Sánchez ha hecho un gran esfuerzo por afianzarse. Las ambiciones de la también joven presidenta de Andalucía han torpedeado buena parte del camino del nuevo líder, hasta que Susana Díaz ha optado por embarcarse en el cometido que le es propio, la ratificación electoral de su ascendiente andaluz. Los movimientos de Díaz, junto a otros escarceos internos en la familia socialista, han amenazado el liderazgo vacilante de Sánchez, hasta que el secretario general ha optado por dar un puñetazo sobre la mesa. El pasado día 11, Sánchez imponía sin contemplaciones el cambio en Madrid, con la defenestración a las bravas del equipo de gobierno del PSM encabezado por el ineficaz Tomás Gómez y con la propuesta de Ángel Gabilondo, cuya impronta marca la nueva etapa con perfiles esperanzadores.

Además, el líder socialista ha aprovechado con brillantez la ocasión que le brindaba el debate sobre el estado de la nación para plantar su pabellón en la escena política, mostrarse como un político curtido, hacer perder los papeles al presidente del Gobierno y asumir la representación de los sectores del centro-izquierda que tradicionalmente han sido la cantera del PSOE y que, por incomparecencia, habían virado hacia opciones exóticas.

Por descontado, las posiciones del electorado son muy volátiles y nada está escrito. Sin embargo, el PSOE está recomponiendo su silueta con perfiles nuevos y es posible que este nuevo equipo, con Sánchez a la cabeza, sea capaz de recoger a una parte significativa de los sectores que habían experimentado aquella gran desafección hacia el viejo bipartidismo.

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