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El atasco en la renovación del CGPJ

Los obstáculos a negociar la renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial dañan a esta institución

Diari de Tarragona

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Desde la ley orgánica del Poder Judicial de 1985, los veinte miembros del Consejo General del Poder Judicial son elegidos por ambas cámaras parlamentarias, y por mayoría cualificada de tres quintos. La Constitución impone que doce de ellos sean jueces y magistrados y otros ocho san elegidos entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión. Se han registrado intentos de cambiar esto, pero nunca han fructificado.

El modelo actual no es perfecto, por la sencilla razón de que los grandes partidos cometen fraude de ley al utilizar el sistema de cupos –de intercambio de apoyos para designar a vocales afines– en lugar de elegir a los vocales que más consenso personal susciten, pero en tanto no aparezca una fórmula que convenza a todos, habrá que seguir utilizando el modelo. Un modelo que permite el bloqueo por parte de la oposición, si la estructura del consejo le favorece. Como es el caso: este PP ha mantenido durante más de dos años su obstinada negativa a pactar con el PSOE la renovación de las instituciones porque le favorecía la composición establecida en tiempos de Rajoy.

El PP se niega a admitir que el PSOE proponga al juez Ricardo de Prada, con el argumento de que lo considera afín a Unidas Podemos, porque este magistrado fue uno de los que sentenció el ‘caso Gürtel’, en el que fue condenado el PP por ser responsable a título lucrativo, y que sirvió de base para la presentación de la moción de censura que dejó sin Gobierno a Mariano Rajoy y al PP. ¿Es razonable este veto, que tiene visos de venganza y advertencia de lo que le puede ocurrir a cualquier juez que actúe lesionando los intereses de un partido? El PP se equivoca al enrocarse obstinadamente en esta posición que impide la obligada renovación de una de las instituciones más importantes de nuestro ordenamiento, lo que contribuye a su descrédito, que revela un mejorable sentido del Estado y que parece acercarlo más al tremendismo que al ansiado centro del espectro político.

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