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El baile de Soraya y la cinta de Rajoy

Núria Pérez

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Seguimos en campaña electoral y con ella seguiremos viendo cosas poco habituales fuera de este periodo en la que algunos políticos incluso se parapetan tras un plasma para no atender las preguntas de los periodistas. Tras el bailoteo de Iceta en los mítines del PSC antes del 27-S, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, acudió anteayer al Hormiguero, para demostrar su cara más amable.

Recibida con pajarita por Trancas y Barrancas, fue la primera vez en que un miembro del Ejecutivo visitaba el plató de este programa, aunque Sáenz de Santamaría sigue la estela de muchos otros políticos que han acudido al programa de Pablo Motos para mostrar una imagen más desenfadada de la que nos tienen acostumbrados. En su afán por mostrarse más cercana, Sáenz de Santamaría no dudó en bailar al ritmo de Uptown Funk. Tan lanzada iba que incluso dio un beso en plena calva a uno de los miembros del programa. Su intervención demuestra que a los políticos españoles todavía les quedan años de aprendizaje de House of cards y de la política norteamericana para dominar un plató de televisión.

Pero dudo yo que el baile de la vicepresidenta, no sólo ensayado sino además impostado, sirva de algo más que para alimentar las redes sociales. Es evidente que los ciudadanos buscan algo de empatía en sus líderes políticos. Pero lo que se espera de nuestros gobernantes no es que sepan bailar, cocinar o cuánto vale un café, que por otra parte está bien. Ni siquiera falsas promesas de dudoso cumplimiento. Hoy lo que más se valora es su credibilidad y ésta no se gana con falsos anuncios como el de ayer del Gobierno después de que Rajoy cortara la cinta de un tramo de diez kilómetros de la autovía A-7 en Granada. El ministerio no dudó en dar por acabada la autovía A-7 del Mediterráneo, algo que no sólo es falso sino que parece un insulto a los alcaldes del territorio que hace tiempo que reclaman soluciones a la alta siniestralidad y saturación de la N-340 y a los ciudadanos que han perdido a sus familiares por la falta de medidas. Menos bailoteo y más seriedad.

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